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Por Hugo Maul
Mantener sus manos lejos de un botín cercano a Q40 millardos.
Cuando escribí acerca de esto hace exactamente un año parecía una exageración. Pueda que siga siéndolo, sin embargo, los acontecimientos recientes en Argentina parecen indicar lo contrario. Hace un año esta columna se tituló “La Tentación de las Reservas”. En ella se argumentaba acerca de los riesgos que se derivaban de la coyuntura económica en torno a la manipulación política de las reservas monetarias internacionales en poder del Banco de Guatemala. Se decía que, sin importar cuánto uno confiara en las decisiones que toman los miembros de la Junta Monetaria o creyera ciegamente en la autonomía e independencia del banco central, no se podía ser tan ingenuo para creer que las reservas estaban “blindadas” de algún tipo de manipulación por los políticos de turno. Si bien el asunto argentino no se ha terminado de “cocinar”, el intento de remover al presidente del Banco Central argentino es una muy mala señal acerca de la autonomía e independencia real de nuestros bancos centrales.
Hasta hace un tiempo se creía que incidentes como el argentino no volverían a ocurrir. Sin embargo, cualquier cosa puede suceder cuando los criterios técnicos se oponen a los intereses políticos. Aunque en nuestro caso nadie pone en duda las buenas intenciones de los miembros de la Junta Monetaria y de las actuales autoridades del Banco de Guatemala, no puede uno dar por sentado que los políticos van a mantener sus “manos” lejos de un “botín” cercano a los Q40 millardos.
Que no hayan metido sus “manos” en el pasado reciente no quiere decir que no vayan a hacerlo en el futuro.
A lo mejor nada va a ocurrir en Guatemala; a lo mejor los políticos van a respetar la institucionalidad existente. No obstante, debemos estar muy alertas y reconocer los riesgos existentes. Sobre todo lo que podría suceder en caso de que el Gobierno quiera seguir gastando y no logre la aprobación de la reforma tributaria o el acceso a más deuda pública.
Además de que en este año el Gobierno de turno tendrá la oportunidad de llevar a la presidencia del Banco Central a alguien más afín a sus intereses. Al final de cuentas, por más que se hable de independencia y autonomía de los bancos centrales, donde no existe un verdadero Estado de derecho no hay garantía alguna de que no se abuse del poder. Lo que sucede hoy en Argentina es prueba de ello.
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