Es difícil saber si la situación en Venezuela pasó ya el punto de no retorno; los próximos siete días serán cruciales cualquiera que sea el camino que finalmente tome la crisis política, institucional, económica y social que vive ese país. Conocedores de lo que se juega el próximo domingo, oposición y oficialismo se preparan para una especie de lucha final. Lucha en la cual, es de esperar que el autoritario gobierno venezolano recurra a todo tipo de artimaña con tal de legitimar en las urnas la manipulada y poco democrática propuesta para establecer una “Constituyente ciudadana, obrera, comunal y campesina”. No le bastaba a Maduro tener el pleno control sobre los magistrados de la autoridad electoral, esta vez decidió “curarse en salud” y encargarse él mismo de establecer la forma en que se realizarían las elecciones y la forma en que se interpretarían las leyes electorales respectivas. Además de cuidar que la inmensa mayoría de los seis mil candidatos inscritos en esas elecciones respondan a sus mandatos.

Con un grado de injerencia de ese tipo es de esperar que Maduro maneje estas elecciones a su sabor y antojo, desde la redefinición de los distritos electorales a su favor hasta el acarreo de electores y alineación del voto de grupos afines al oficialismo. En ese sentido, el resultado de la reciente consulta popular, en donde cerca de 7.5 millones de venezolanos mostraron su rechazo a la Constituyente de Maduro, probablemente sea la más efectiva arma en poder de la oposición para frenar a sus intenciones. Con tales resultados, la oposición, como mínimo, refrendó el apoyo popular recibido en 2015 en las elecciones parlamentarias, cuando la Mesa de la Unidad Democrática obtuvo un poco más de 2 millones de votos que los que recibiera el oficialismo. De repetirse un resultado parecido al de 2015, la legitimidad de la iniciativa de Maduro y su propia continuidad en el poder se verían seriamente deslegitimadas. En caso Maduro se saliera con las suyas, no existiría certeza alguna que tal resultado no sea producto de sus múltiples injerencias en el proceso electoral y la total sumisión de las autoridades electorales y de justicia a sus mandatos.

En la situación que hoy vive Venezuela, solo haría falta que Maduro gire las instrucciones respectivas para que las elecciones del próximo domingo arrojen el resultado que se le venga en gana, así como hiciera Manuel Estrada Cabrera en 1917 en la elección de “La Millonada”, ocasión en la que se dice más de diez millones de personas votaron a favor del el dictador, a pesar que la población total del país apenas rozaba los dos millones de habitantes. Sea como sea, no hace falta que Maduro llegue a tales extremos para constatar que Venezuela, desde hace mucho tiempo, vive en una dictadura. Podrá manipular una elección, armar a un millón de milicianos, encarcelar a quien se le dé la gana o nacionalizarlo todo, sin embargo, lo que nunca podrá lograr es acallar la voz de un pueblo que demanda libertad, paz y justicia.

Visítanos en nuestras cuentas de: