Mucho se ha dicho acerca del potencial económico derivado de la excelente localización geográfica de Guatemala. La cercanía con Estados Unidos y México confiere a Guatemala una posición inmejorable en términos geográficos y, potencialmente, en términos económicos. Ahora bien, de nada vale la proximidad física si esta no se transforma en cercanía económica. Ahora que el tema de la importancia de la reducción de costos de transporte marítimo está de moda a raíz de la inauguración de la ampliación del Canal de Panamá, es buen momento para reflexionar de nuevo acerca de las oportunidades que se dejan de aprovechar por no transformar la ventajosa posición geográfica en ventajas económicas para el país.

Si bien la localización respecto de otros países favorece a Guatemala, la mala calidad y poco desarrollo de la conectividad entre sus centros productivos y las fronteras y puertos más que compensa negativamente la ventaja geográfica. La reciente ampliación del Canal de Panamá es un ejemplo de todo lo contrario, de cómo la lejanía en términos geográficos entre dos regiones no implica, necesariamente, la lejanía en términos económicos. Gracias a esta ampliación del Canal, los lejanos centros industriales de la región Asia-Pacífico están hoy más cerca del resto del mundo que la semana pasada. Al igual que China, EE. UU., la Unión Europea o cualquier otro país que se haya desarrollado de forma acelerada y sostenida, Panamá ha comprendido bien la lección de cuán importante es compensar la lejanía geográfica con el desarrollo de infraestructura de transporte que ayude a reducir los costos de transporte de forma significativa. Una lección que difícilmente será comprendida en Guatemala dado el enrarecido clima que rodea a todo lo que implica grandes proyectos de inversión, sobre todo después de los escándalos de corrupción alrededor de puertos, aduanas y carreteras y la desconfianza a todo lo que implique esquemas de colaboración público-privados.

Sin embargo, aunque no se presente una oportunidad inmediata para este tipo de inversiones, es importante que se comprenda que mientras la proximidad física entre los centros de producción y de consumo, sean internos o externos, no significa nada si esta no se traduce en menores costos de transporte. Un tema que no riñe, como sostienen algunos, con el combate a la pobreza o el desarrollo sostenible del país y, mucho menos, implica el sometimiento a determinada ideología económica o la implantación de un foráneo modelo de explotación. Simplemente, como lo demuestra el caso de Panamá, es la fórmula que han utilizado una y otra vez los países que más se desarrollan. El camino de por sí es difícil, no hay necesidad de hacerlo más largo y complicado. Ser hoy por hoy la “puerta de entrada” a uno de los bloques económicos más grandes del mundo no significa nada: tan cerca en distancia, tan lejos en tiempo y dinero.

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