Para muchas generaciones de economistas, y no economistas, que tuvimos la oportunidad de tenerlo como maestro, Raúl González de Paz,El Doctor, como cariñosamente nos referíamos a él, fue una luz en nuestro camino. Su pasión por los métodos cuantitativos y la formalidad teórica llegó en el momento preciso para muchos de los que tuvimos la bendición de conocerlo y tenerlo como consejero en nuestros años de formación profesional. En términos generales, para la mayoría de sus exalumnos que éramos matemáticos o ingenieros, sus cursos de estadística aplicada, econometría, economía matemática, teoría financiera o investigación de operaciones, entre otros tantos que podrían mencionarse, representaron un primer acercamiento a una forma de ver la economía desde una perspectiva técnica, formal y susceptible de corroboración empírica a la que no estábamos acostumbrados. Sin temor a equivocarme, un primer acercamiento que marcó para siempre la forma de aproximarse a la economía de varias generaciones de economistas.

Si bien el debate económico siendo eminentemente ideológico, gracias a esa semilla sembrada por Raúl en varias generaciones de practicantes de la economía, existe hoy un grupo cada vez más grande de profesionales de la economía que, así como lo hiciera El Doctor, cada vez utilizan más los métodos matemáticos y estadísticos para fundamentar las investigaciones y recurren a modelos teóricos para dar solidez a su análisis. Con su carácter afable, evitado de problemas, conciliador, perspicaz y siempre abierto al diálogo, Raúl fue capaz de establecer un diálogo constructivo entre estudiantes y colegas con abismales diferencias en su forma de analizar la economía. Actitud de vida con la que siempre demostró que más que debates ideológicos y constantes descalificaciones, lo que la práctica de la economía requiere es apertura, rigurosidad lógica, inventiva, respeto mutuo y deseo de comprender mejor la compleja realidad social. Su admiración por Edgar Morín, el famoso filósofo francés del pensamiento complejo, y por los sistemas adaptivos complejos demuestra su compromiso con la búsqueda constante de mejores métodos para comprender la realidad. Utilizando las palabras de Miguel Ruiz, el autor del famoso libro de los Cuatro Acuerdos, Raúl nos mostró siempre con su ejemplo la importancia de “dudar de nuestras certezas” y reconocer los límites de nuestros métodos.

Con su partida Guatemala pierde una mente brillante y una gran persona y la academia pierde a uno de sus grandes elementos. Para todos los que tuvimos la dicha tener a Raúl como profesor en la UVG, la UFM o el Programa de Estudios Superiores del Banco de Guatemala, su partida representa una dolorosa e irreparable pérdida. Como economistas, extrañaremos mucho sus consejos y llamadas de atención; como colegas, su llamado a la rigurosidad teórica; y como amigo, su amistad sincera e incondicional y su constante recordatorio a vivir la vida plenamente.

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