El presupuesto de ingresos y egresos del Estado es la herramienta de política pública que plasma las metas y objetivos de las distintas dependencias que conforman el Gobierno. Lo ideal es que sea un presupuesto por resultados; es decir, que se monitoree si se alcanzan los objetivos planteados para una determinada acción o actividad. Estamos en un período clave donde el presupuesto para 2017 debe ser acorde a las expectativas sociales, se eliminen los bolsones que se prestan a la corrupción y se oriente a las prioridades reales de seguridad y desarrollo humano.

En primer lugar, el presupuesto debe ser realista. Esto implica considerar la realidad fiscal y no pensar que tenemos un mundo fantástico donde se puede gastar cualquier cantidad de recursos. Los fondos son limitados, y ello es de mayor relevancia si se toma en cuenta que de cada 100 quetzales, 87 ya tienen un destino asignado (municipalidades, deporte, Universidad de San Carlos). Ello dificulta que cualquier recaudación adicional llegue realmente a sectores prioritarios como justicia, seguridad, salud o educación.

En segundo lugar, es importante permitir el adecuado funcionamiento del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) que está a cargo de Segeplan, con lo cual se estaría destinando fondos únicamente a aquellas actividades que son socialmente rentables; es decir, que presentan una relación adecuada costo-beneficio o, dicho de otra forma, sus beneficios superan los recursos que se destinarán a alcanzarlas. Se debe priorizar el gasto público que nos lleve a fortalecer el Estado de derecho, con un sistema de justicia apropiado, con seguridad ciudadana y un sistema penitenciario moderno; asimismo, que priorice un nivel mínimo de servicios de salud y educación, así como que busque generar el clima para la inversión privada que cree empleos.

El plan de Gobierno de FCN-Nación estaba compuesto de pocas acciones, pero estas pueden ser ese faro de luz para orientar en qué gastar y en qué se puede ahorrar recursos. Se plantea en dicho plan la seguridad, el combate a la desnutrición crónica y la implementación de la Ventana de los mil días, la educación, el apoyo a la pequeña y mediana empresa y la estabilidad macroeconómica. En educación se destaca la inversión en tecnología para las escuelas, así como generar oportunidades de formación para los jóvenes.

Como tercer punto, es recomendable tener una meta que permita balancear los distintos rubros de gasto, evitando especialmente destinar todos los recursos a aumentos salariales, dejando sin cobertura ciertos rubros importantes como la vacunación, la atención prenatal a las madres y atención a los recién nacidos, la profesionalización docente o los fondos para las escuelas, tanto de gratuidad como refacción escolar, útiles y valija didáctica. Así también, garantizar la seguridad ciudadana. Hay elementos que no pueden faltar en el presupuesto nacional.

Finalmente, es importante cerrar los programas clientelares que venían consumiendo parte importante del presupuesto, como las bolsas de alimentos y los fertilizantes. Además, se debe considerar eliminar subsidios como el del transporte público, el de la energía eléctrica y reestructurar el régimen de pensiones de los empleados públicos, Clases Pasivas Civiles del Estado, que está consumiendo más de 2 mil millones de quetzales cada año para sufragar las jubilaciones que se pagan. En conclusión, busquemos un presupuesto base cero, basado en resultados, que tenga como principio la transparencia y la rendición de cuentas.

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