La semana pasada quedamos impresionados al escuchar la tesis del Ministerio Público (MP) y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) respecto del asesinato de Byron Lima Oliva y otras 13 personas en la Granja Modelo de Rehabilitación Pavón hace un año. Se acusa al reo Marvin Montiel Marín, alias “el Taquero”, de ser el autor de una matanza impune y cruel.

Es de examinar el perfil de estos personajes: Montiel Marín, un preso condenado a 828 años de cárcel por la muerte de 15 nicaragüenses y un neerlandés -calcinados en 2008-, identificado con el narcotráfico y redes delictivas. Lima Oliva era un capitán del Ejército acusado de asesinar a Monseñor Gerardi en 1998 y condenado en junio de 2001 a 30 años de cárcel. Luego en septiembre de 2014 fue acusado por ser el presunto cabecilla de una estructura criminal que dominaba los centros carcelarios.

El relato del MP y la CICIG inicia cuando el 17 de noviembre de 2015, Montiel y Lima fueron trasladados al sector 9 del centro penal Pavón. Insólito que conociendo sus perfiles hayan sido movidos a una granja modelo, sabiendo que además tenían diferencias. El móvil de este hecho tiene relación con la disputa de territorio y poder interno. Pareciera un relato de novela, sin embargo, es la realidad de nuestro país, por lo que hay que tomar acción.

Debe investigarse a las personas que autorizaron sus traslados. Adicionalmente se dieron varias alertas de que Byron Lima corría peligro; sin embargo, las autoridades parece que no reaccionaron. Las armas llegaron como material a la “carpintería del Taquero” dentro del penal, quien solicitó autorización la primera vez y luego falsificó los siguientes permisos. También hubo personas que colaboraron con el ingreso de explosivos al penal y dentro del centro. Después limpiaron, ordenaron y cuando llegó el MP “allí no había pasado nada”. Los guardias ausentes.

De nuevo queda al desnudo la situación del Sistema Penitenciario (SP) en Guatemala. Hace una década había alrededor de 8 mil privados de libertad y se contaba con aproximadamente 6,500 espacios. Los esfuerzos interinstitucionales han aumentado a más de 22 mil la población reclusa, sin haber incrementado el número de espacios. El hacinamiento es casi de 300%. Además, los guardias, los directores y el personal en general no tienen la preparación suficiente y los privados de libertad actualmente tienen un perfil complejo. Personas con poder, dinero, liderazgo y violentas requieren de un tratamiento especial y muchos controles.

El gobierno actual está trabajando en la implementación de un nuevo modelo de gestión penitenciario, el cual cambia la forma de administrar las cárceles. Lograr cero hacinamiento, personal capacitado, el cumplimento del régimen interno y la rehabilitación de los reos es la aspiración de estos nuevos centros. Este cambio tendrá buenos resultados a futuro, sin embargo, es urgente tomar medidas en el corto plazo. Se requiere un buen director del SP, capacitar al personal, establecer controles y hacer un plan de infraestructura. Deberá evaluarse construir una cárcel para reos de alta peligrosidad donde estén aislados, sin privilegios y cumpliendo su condena. De lo contrario estos criminales seguirán operando desde los centros y no lograremos disminuir los delitos sustancialmente. ¿Qué opina de esta historia basada en hechos reales? ¿Qué frena a un delincuente con condenas tan altas? ¿Se requiere una cárcel de alta seguridad?

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