– 9 de octubre, 2017 –

El viernes pasado fuimos invitados cinco ciudadanos a conversar con el nuevo embajador de Estados Unidos, Luis Arreaga, y altos funcionarios de USAID. Interesante que en los primeros días se esté escuchando a distintas personas de la sociedad guatemalteca –aclaro que participé como parte de un centro de investigación, el CIEN, cuya misión es, por medio de estudios, análisis y datos, proponer y evidenciar las mejores propuestas para el país–. El objetivo de la reunión fue escucharnos respecto a tres aspectos: perspectivas del país, en qué momento se encuentra y qué propuestas hay para salir de la crisis. Las tres líneas de acción del Departamento de Estado son: prosperidad, seguridad y gobernanza, razón por la que me enfoqué en las mismas (goo.gl/4rocd3).

A nivel de prosperidad, el país tiene serios problemas. La actividad económica está paralizada en parte por la incertidumbre política y la falta de un claro proyecto de nación. Algunas cortes han detenido temporalmente grandes proyectos de inversión privada como hidroeléctricas y minas. Uno de los puertos está intervenido y tenemos grandes desafíos con la infraestructura. Más de la mitad de las carreteras están en un estado de calamidad y desde hace varios años que no se ha construido un solo kilómetro; y, por si fuera poco, esa escasa movilidad es frecuentemente interrumpida por bloqueos. Los servicios de educación y de salud están estancados en temas de cobertura y calidad. Aún perdura la desnutrición crónica en más de la mitad de los niños menores de cinco años y el sistema de salud pública es un desastre. Necesitamos definir un modelo de desarrollo económico y social que genere oportunidades para todos, en especial empleo. En este sentido debe revisarse la gestión pública y lograr una administración por resultado y efectiva.

En materia de seguridad, hemos notado un gran esfuerzo de las autoridades. La tasa de homicidios ha disminuido en la última década de 45/100 mil habitantes a 26/100 mil; sin embargo, las extorsiones presentan un gran desafío. El sistema penitenciario ha iniciado un proceso de modernización, pero no se han tomado medidas importantes de corto plazo para retomar el control interno y disminuir la saturación. Se ha fortalecido la Policía Nacional Civil, mejorando su desempeño. Adicionalmente, la persecución penal ha aumentado desmedidamente, la que pese advertirse el sistema de justicia no es capaz de absorber tanto caso, lo que genere una sensación de gran impunidad. Sufrimos los peores vejámenes frente al crimen organizado, la narcoactividad y los escenarios de violencia, pero cuando la respuesta pública resulta en persecuciones desproporcionadas, asimétricas y mediáticas, lejos de forjar un frente común ciudadano ante la corrupción, divide y polariza a la sociedad.

Entendemos gobernanza como “las interacciones y acuerdos entre gobernantes y gobernados, para generar oportunidades y solucionar los problemas de los ciudadanos, y para construir las instituciones y normas necesarias para generar esos cambios”. En este aspecto el combate a la corrupción ha sido fundamental. Se apoya a la CICIG y al MP en su misión; sin embargo, la situación actual ha generado una crisis política muy compleja.

Tenemos un Congreso con muy poca legitimidad, un Ejecutivo débil cuyo presidente tiene marcadas diferencias con el comisionado y un Organismo Judicial muy cuestionado. El no contar con reglas claras y una normativa ambigua perjudica el estado de derecho. Un ejemplo es el Convenio 169 de la OIT que se interpreta de múltiples formas y esto ha provocado la conflictividad en casi todo el país. Debemos ser más preventivos que reactivos en el tema de corrupción. Las políticas de servicio civil, compras y contrataciones, y rendición de cuentas deben modernizarse y basarse en mérito y competencia.

Difícil salir de esta crisis política si no se resuelve la relación del presidente Jimmy Morales con el comisionado Iván Velásquez. Los próximos días serán cruciales para el país. Esperamos que el nuevo embajador coadyuve a lograr que Guatemala tenga un mejor futuro y su propio sueño. ¿Qué opina del papel de la embajada? ¿Qué le pediría al nuevo embajador? ¿Cómo mejoramos el país?

Visítanos en nuestras cuentas de: