La atención que se presta a problemas urgentes no debería provocar que se olviden los problemas importantes. Si bien es cierto que la eliminación de normas presupuestarias cruciales para impedir el mal manejo de los fondos públicos es un problema muy grave y urgente, las deficiencias en la planificación y estructuración del Presupuesto de Egresos e Ingresos del Estado para el 2015 los son todavía más.  En el gran esquema de las cosas, mientras no mejore el proceso de planificación, monitoreo y evaluación del gasto público, cualquier tipo de norma tendiente a limitar el mal uso de los fondos públicos tendrá un efecto limitado. Aún en el hipotético caso de ser totalmente efectiva y reducir significativamente la corrupción, dicho tipo de normas no tiene mayor incidencia en la calidad y efectividad del gasto público. A lo sumo, lo más que ese tipo de normas puede lograr es asegurar que el desperdicio, despilfarro, sobreestimación y falta de justificación en el gasto público ocurra en condiciones de plena transparencia y máxima honradez.

La decisión de implementar Gestión por Resultados, oficializada en el Decreto 13-2013, obliga al gobierno a comprometerse con la consecución de resultados específicos producto de estrategias de intervención adecuadamente conceptualizadas. Bajo el entendido que un resultado no es el equivalente a asignar una suma financiera determinado rubro de gasto o la adquisición de un determinado insumo dentro de un proceso productivo. Los resultados son cambios observables y susceptibles de medición en determinada condición de cierto grupo objetivo debida especificado.  Los resultados, a su vez, deben estar justificados por modelos conceptuales  que, basados en la mejor evidencia disponible, muestren la relación entre las intervenciones del gobierno y el logro de los mismos.

Solamente hasta que se haya conceptualizado adecuadamente las intervenciones del gobierno podría hablarse de presupuestar los insumos necesarios para ejecutar la intervención.  Es decir, el pago de personal, adquisición de bienes, materiales, suministros y servicios que se requieren.Si bien esta es la base gerencial que debería guiar la elaboración del Presupuesto, hace falta mucho por hacer para que lo presupuestado refleje la mejor combinación de insumospara proveer los bienes y servicios que generen los cambios deseados. En ese sentido, a pesar que la ley manda una gestión en función de resultados, el Presupuesto sigue siendo una interminable lista de gastos sin conexión y justificación lógica alguna, salvo la del “cuadre” contable. O bien su corolario del criterio de  la “ejecución presupuestaria”; instrumento retórico que no dice nada respecto de la calidad y efectividad del gasto, salvo que lo que se presupuestó se gastó. Desde esta perspectiva queda claro que no basta con adoptar una normativa a favor de la transparencia y la honradez para que justificar la necesidad y la efectividad del gasto.

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