Además de campaña anticipada, también podría catalogarse que la publicidad engañosa. La mayoría de candidatos que están ya en campaña incurren en el mismo vicio de otras ocasiones: hacer promesas imposibles de cumplir. Muchas de estas promesas son, sencillamente, imposibles de cumplir, independientemente de quien esté detrás de ellas. Muchas otras promesas simplemente buscan ampliar la base de seguidores de un partido sin importar las consecuencias que tendrían, en el mediano y largo plazo, su cumplimiento. Las promesas de gratificación material inmediata para los grupos necesitados generalmente se hacen haciendo caso omiso de las restricciones presupuestarias. Algunas otras promesas se apalancan en el conflicto social existente para justificar todo tipo de medidas que puedan significar votos en el corto plazo. En términos generales, la mayoría de propuestas hoy existentes encajan bien en la descripción que hace varios años atrás hiciera el famoso economista Jeffrey Sachs, en su ensayo sobre el Conflicto Social y Políticas Populistas en América Latina: “la alta desigualdad económica en Latinoamérica contribuye a que existan altas presiones  políticas para aumentar los ingresos de los grupos más pobres, lo cual conlleva a malas decisiones de política económica y malos resultados económicos”.  
 
De esa cuenta, cuando el pragmatismo y la prudencia recomiendan prudencia y control en las finanzas públicas, las promesas electorales se transforman en pesadas cargas para los presupuestos públicos; cargas que se traducen finalmente en el crecimiento acelerado de la deuda y de los impuestos. Finalmente, cuando los recursos disponibles ya no son suficientes, toda la problemática económica y social se reduce al aumento de la carga tributaria para seguir financiando el gasto público. Poco o nada valen las consideraciones acerca de la calidad del gasto público, de la ejecución del gasto en base a resultados o el balance entre la carga tributaria y los demás factores que no funcionan en la economía. Temas como la estabilidad de la política monetaria, estabilidad de precios, estructura tributaria pro-crecimiento, inversión en capital físico y humano, adopción de tecnología e innovación rara vez son parte de las promesas de quienes buscan el poder. Mucho menos temas como la necesidad de seguridad jurídica para la inversión, necesidad de ley y orden y reforma institucional. No existe garantía alguna que las propuestas de políticas de Gobierno vayan a cambiar drásticamente durante el próximo período electoral. La gama para cometer errores en materia de política económica y social es infinita, todo depende de la aritmética electoral. En caso de necesidad de votos cualquier tipo de propuesta puede convertirse en realidad. Es necesario prestar atención al elevado costo que puede tener cumplir ese tipo de promesas, quién va a asumir los costos y cuáles efectos no intencionados podrían tener las mismas. Ese tipo de promesas generalmente no funciona, aunque se originen en buenas intenciones.

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