El hecho que la informalidad laboral y económica sea la única opción para millones de personas muestra claramente el fracaso de la institucionalidad económica reinante.

Se repite hasta el cansansio que Guatemala muestra indicadores sociales inferiores a los que, en promedio, muestran otros países con niveles de desarrollo similar. Sin embargo, más allá de los tradicionales discursos que ponen todo su énfasis en el papel del Estado en la promoción del desarrollo, especialmente por gasto público, es poco lo que se dice acerca de la importancia de la creación de empleo formal en la solución de este problema, mucho menos lo que se hace. Mientras no se reconozca que las altas y persistentes tasas de informalalidad laboral y económica son producto, en gran parte, de la poca funcionalidad del marco institucional que rige las relaciones productivas y laborales en el país, difícilmente cambiará el hecho que cerca de tres cuartas partes de todos los guatemaltecos se vean obligados a recurrir a la informalidad económica y laboral para agenciarse de algún tipo de ingreso. El tamaño de la economía informal dentro de un país constituye una medida de la eficiencia con que operan las instituciones formales; la proporción de la población opta por la economía informal dentro de un país es un buen indicador de qué tan bien funcionan las instituciones económicas que definen la forma en que se definen y protegen los derechos de propiedad; que establecen los costos, incentivos y restricciones a las actividades económicas; que definen el tipo, cantidad y calidad de las oportunidades económicas disponibles.

Bajo estas circunstancias laborales y productivas no debería causar sorpresa alguna los bajos ingresos laborales, exiguas ganancias y elevados niveles de incertidumbre en las que operan y laboran la mayoraría de los guatemaltecos. En lo que respecta a las regulaciones laborales, específicamente, la economía informal es un buen indicador del estado general de la salud de dicho sistema normativao. Para los trabajadores informales los beneficios y derechos estipulados en esta normativa no pasan de ser meras ilusiones, sueños imposibles de concretar, dadas las limitadas oportunidades de trabajo formal existentes en la economía. Resulta muy pero muy difícil, sino imposible, pretender lograr un proceso de desarrollo económico sostenido cuando la mayoría de su población labora u opera en actividades económicas pero sofisticadas, que atienden mercados muy reducidos, que casi no dependen de los adelantos tecnológicos, con bajos niveles de inversión y escasas posibilidades de capacitación y tecnificación. El hecho que la informalidad laboral y económica sea la única opción para millones de personas muestra claramente el fracaso de la institucionalidad económica reinante. No obstante, en lugar de buscar formas de modernizar este marco institucional, de manera que se pueda causar sorpresa, pues, que la informalidad laboral y económica nunca disminuya y que cada vez sea menor la capacidad del aparato productivo para mantener y ampliar el poco empleo formal que todavía existe.

Nota publicada en El Periódico: http://elperiodico.com.gt/opinion/2016/12/13/mas-informalidad/

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