24 de octubre 2017

Dadas las circunstancias por las cuales atraviesa el país, los resultados de la Feria del Empleo, organizada por el Ministerio de Trabajo, son alentadores: cinco mil puestos fijos, tres mil plazas como vacacionistas y setentaicinco empresas en busca de trabajadores. A esa tasa de crecimiento en el empleo, si el ferial experimento pudiera repetirse cada mes de aquí en adelante, se necesitarían más de 50 años para que todos los guatemaltecos que hoy laboran en la informalidad pudieran optar a un puesto de trabajo; o bien, cerca de 24 años si se realizara cada quince días. Período de tiempo al final del cual, de no reducirse la tasa de crecimiento de la población actual, seguramente se habría acumulado un nuevo déficit de empleo formal igual o mayor del original. Ante esta complicada realidad, bien haría el presidente Morales y sus funcionarios en tomar para sí los “retos del empleo” que mencionara durante su discurso al inaugurar la feria: “primero, conseguir empleo; segundo, mantenerlo y tercero, volverse emprendedor”.

Así de sencillo. Primero, conseguir empleo: para ello se necesita que su gobierno se enfoque en propiciar las condiciones que permitan a las empresas existentes crear más y mejores empleos. Lo cual requiere un renovado impulso a la inversión privada y a la infraestructura productiva, mayores niveles de competitividad, seguridad, facilidad para hacer negocios y mano de obra mejor educada y capacitada. Segundo, como mínimo: hacer todo lo posible por mantener el empleo formal existente. Es decir, evitar acciones que puedan destruir el poco empleo formal existente o afectar negativamente el potencial de creación de empleo formal en sectores clave de la economía. Tercero, reconocer que la solución paulatina del problema depende de la capacidad de creación de empleo por parte del sector empresarial: sin nuevas empresas, expansión de las empresas existentes o impulso a nuevos sectores empresariales, preferentemente en actividades que demanden intensivamente de mano de obra poco calificada, el faltante de empleo formal seguirá siendo la triste realidad del país.

Es importante que Morales y Teleguario, entre otros muchos funcionarios, reconozcan que su mayor legado no serán las nuevas plazas que puedan crear por medio de estas ferias u otras acciones directas de gobierno, sino todo lo que hagan por evitar decisiones políticas que destruyan el poco empleo formal existente o que limiten la capacidad del sector productivo para crear más oportunidades de empleo. En ese sentido, como mínimo, el gobierno de turno, debería evitar tomar decisiones que encarezcan artificialmente el costo de la mano de obra; reduzcan la productividad laboral; dificulten los procesos de contratación de nuevos trabajadores u obstaculicen la operación de las empresas y su adaptación al cambiante entorno mundial. Ocho mil nuevos puestos de trabajo, que con tanta dificultad se consiguen con estas ferias, pueden desaparecer de un plumazo como consecuencia de malas decisiones en materia laboral.

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