Además de las mesas técnicas fiscal y de reforma de pensiones…[se] buscarán crear otra instancia paralela para evaluar el desarrollo económico… [por medio] de crear más fuentes de trabajo…aterrizar en una normativa que cumpla con las expectativas que necesita la población para instaurar un clima económico positivo… temas que deberán ser de peso.. la creación de una Ley de Responsabilidad Fiscal deberá estar lista en octubre del presente año… poner un límite al [crecimiento de la deuda bonificada]… que vaya acorde al porcentaje de los ingresos [y] cómo el gobierno planea cumplir con los objetivos y las metas en cuanto a reducir el déficit fiscal, sin menoscabo del crecimiento económico y la generación de empleo”. Es muy difícil saber si este esfuerzo dará los frutos esperados, lograr acuerdos mínimos en estas áreas siempre es un asunto complicado, todavía más cuando no existe confianza entre las partes y cada grupo tiene una visión completamente distinta de cómo resolver estos problemas. A pesar de todo, lo importante es el reconocimiento de las partes que algo debe hacerse para resolver estos graves problemas.

No hace falta preguntarse en qué momento se lanzó este proceso de diálogo y quienes están participando en el mismo, la parte entrecomillada, por más necesaria y urgente que parezca para a Guatemala, es un extracto de una noticia del salvadoreño Diario de Hoy en donde se describe el acuerdo logrado entre el gobernante FMLN y Arena, su principal opositor, para buscar una solución a los problemas económicos y fiscales que tanto agobian al vecino país. Con todo los problemas que pudiera tener esta propuesta, el hecho de incluir en estas mesas de negociación el tema de la generación de empleo, la responsabilidad fiscal y los límites al endeudamiento público es, sin duda, una luz esperanzadora para el vecino país. Al menos reconoce el hecho que no todos los problemas económicos de un país se resuelven, necesariamente, con más gasto público, deuda e impuestos.

Atreverse a poner sobre la mesa la urgente necesidad de generar más empleo y de adoptar normas que permitan ordenar el comportamiento del gasto público y la deuda pública a mediano y largo plazo constituye una importante señal de cambio en el vecino país. Mientras tanto, en Guatemala pareciera que ni siquiera se reconoce la gravedad de los problemas económicos que sufre el país, mucho menos la necesidad de promover soluciones integrales a los mismos. Más allá del éxito que puedan tener los salvadoreños con esta iniciativa, o bien de la bondad de las soluciones propuestas, lo importante es que ambos grupos estén dispuestos a sentarse a buscar una salida negociada a la crisis que vive el país. En el caso de Guatemala, a pesar que los indicadores del crecimiento de la economía, de la creación de empleo formal, del los niveles de inversión doméstica y extranjera y del problema fiscal no son muy distintos a los salvadoreños, pareciera que no se entiende la importancia de discutir los problemas económicos desde una perspectiva integral.

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