Los malos manejos dentro de la SAT durante el gobierno anterior son un ejemplo de corrupción centralizada manejada desde arriba hacia abajo. Esto es, un esquema en donde las decisiones relativas a la corrupción emanan, de manera centralizada, desde las más altas autoridades de una institución hacia los funcionarios de más bajo nivel. Son las autoridades más altas las que organizan la operación y vigilan el comportamiento de los mandos inferiores para que cumplan con las órdenes, no se queden con más de lo que les corresponde y no se coman a las “gallinas de los huevos de oro” que, con su trabajo, mantienen el sistema. Tal y como ha quedado demostrado, esta es una forma particularmente costosa y perjudicial de corrupción que debe ser evitada a toda costa.

Desde esa perspectiva, el énfasis de la propuesta de reforma actual en la modificación de la estructura de gobierno de la SAT va en la dirección correcta, aunque puede resultar insuficiente ya que la corrupción dentro de una organización como esta va más allá de su estructura de gobierno y de las funciones e integración de sus más importantes órganos administrativos. La corrupción centralizada, de arriba hacia abajo, no es el único tipo de corrupción que ocurre en este tipo de organización y tampoco, necesariamente, la más perjudicial. Tal y como ha sucedido antes y como ahora lo atestiguan los usuarios, la eliminación de “La Línea” no necesariamente se tradujo en un funcionamiento más ágil, eficiente y honesto de las aduanas del país. Era de esperar, cuando se elimina el control centralizado, de arriba hacia abajo, en un sistema de este tipo es natural que la corrupción aumente. En ese sentido, el nivel de corrupción depende de la cantidad de requisitos que deban cumplirse y funcionarios involucrados en la compleción de los trámites; de la discrecionalidad que tengan los funcionarios en sus decisiones; y, de cuán amarradas están las distintas fases de un trámite, qué tanto cada una de ellas depende de autorizaciones previas. En este escenario, la suma de sucesivos actos de corrupción por parte de múltiples “capos” que actúan de forma individual y no coordinada entre sí puede resultar más perjudicial que la corrupción que prevalecería en un sistema controlado por un “capo de capos”. En general, mientras más bolsillos haya que llenar más costosa resulta la corrupción.

De esa cuenta, la adición de nuevos órganos administrativos dentro de la estructura de la SAT y el cambio en la conformación del Directorio van dirigidos a combatir la corrupción que se origina de arriba hacia abajo. Suponiendo, claro está, que la adición de una capa administrativa adicional no será una nueva fuente de poder y discrecionalidad que termine perpetuando el modelo. Esperando, además, que estas reformas en lo más alto de la jerarquía eliminen la corrupción que se genera desde abajo hacia arriba y de forma descentralizada. Lo cual parece bastante difícil ya que este otro tipo de corrupción requiere de otro tipo de reformas que no se están discutiendo en estos momentos.

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