Si se pudiera hablar de imperios, batallas y guerras en el ámbito impositivo, lo que acontece con la Ley de Inversión y Empleo es solo una pequeña escaramuza frente a las grandes batallas que se vislumbran en el futuro. Se equivocan quienes creen que este pequeño zipizape definirá el sentido de la guerra; peor aún quienes, en medio de la confusión, defienden argumentos y posiciones típicas de quienes siempre han estado en su contra. Argumentos y posturas que serán usados en su contra cuando llegue el momento de discutir una nueva reforma tributaria. El neo imperialismo tributario, en su intento de ampliar el tamaño del Estado, e independientemente de las dudas en torno a las bondades técnicas de su Actualización Tributaria, está empeñado en aumentar, a toda costa, el yugo del Impuesto sobre la Renta. De todos es conocido que el neo imperialismo tributario sostiene la doctrina que cualquier aumento en la recaudación debe recaer sobre las personas, negocios, empresas, grupos empresariales, inversionistas o profesionales capaces de generar empleo, salarios, inversión o ganancias. 

Para esta forma de pensar, la única forma de sacar del subdesarrollo a Guatemala es por medio de la tributación directa con carácter progresivo: obligar a empresas, grupos empresariales, accionistas, inversionistas, profesionales y asalariados a pagar una mayor proporción de sus ingresos en forma de ISR. Doctrina que los hace pelear fieramente por aumentar las tasas del impuesto, ampliar las  bases de tributación, incluir a nuevos sectores dentro del régimen y aumentar los controles y la fiscalización. No obstante, la confusión en torno a Ley de Inversión y Empleo ha provocado que importantes sectores de la sociedad pierdan de vista este hecho y se conviertan en instrumentos útiles de quienes son sus opositores naturales.

Parece no darse cuenta la cúpula del sector empresarial que el meollo del asunto no son los incentivos fiscales, sino la necesidad de eliminar el ISR dentro de nuestro sistema tributario. Más que reducir la discusión de la Ley de Inversión y Empleo a un asunto de incentivos y privilegios fiscales, y darle gusto a sus opositores, el liderazgo empresarial debería demandar la inmediata reducción y/o eliminación de ese impuesto, a la vez de oponerse a cualquier aumento de impuestos antes que no mejore la calidad, efectividad y eficiencia del gasto público.  Si quienes, supuestamente, deberían tener clara la “película” respecto del ISR, pierden el norte de lo que de verdad se está peleando y adoptan posiciones que hacen más fácil la operación de sus opositores, que no se quejen luego cuando el neo imperialismo tributario les traslade todos los costos del ajuste tributario. El terreno que cedan en la batalla de la Ley de Inversión y Empleo será solo una pequeña parte de lo que les tocará ceder en la próxima reforma tributaria.

 

 

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