En Guatemala, ni una ni la otra. Tal como lo demuestran las investigaciones, el bajo crecimiento económico de América Latina se explica en buena parte por la escasa contribución de la “inspiración” al proceso de desarrollo económico; proceso dentro del cual, al final de cuentas, el grado de “transpiración” sigue siendo la fuente más importante de crecimiento económico. En otras palabras, el crecimiento económico de los países de la región sigue dependiendo de su capacidad para crear fuentes de empleo e inversión en los sectores de siempre, no así del avance tecnológico, la innovación, la investigación y el desarrollo. En su mayoría, los países siguen haciendo lo mismo de siempre, con la diferencia que mientras más tiempo pasa, cada vez más difícil resulta sobrevivir en este tipo de actividades económicas. Ya sea porque cada vez hay más competidores en estos sectores en los mercados internacionales; porque no se espera que mejoren mucho sus precios en el futuro, o; porque el tamaño de los mercado internos no permite una continua expansión de los mismos; el hecho es que dadas las particularidades del modelo basado en la “transpiración”, tarde o temprano, los países necesitan de la “inspiración” para mantener y acelerar su desarrollo económico.

En Guatemala, ni una ni la otra: “ni transpiración ni inspiración”. Así de sencillo. Cualquiera de estas dos fuentes de crecimiento económico requiere de un conjunto mínimo de condiciones para funcionar, dentro de las cuales sobresale la certeza jurídica; el respeto a los derechos de propiedad; la seguridad física y jurídica de las inversiones; facilidades para hacer negocios; sistemas tributarios que favorezcan el ahorro y la inversión; regulaciones laborales que no entorpezcan la creación de nuevas fuentes de trabajo; políticas salariales que favorezcan la productividad y la preservación del empleo; incentivos a la inversión en sectores estratégicos, a la innovación y al desarrollo; educación y capacitación de la mano de obra; etcétera. Cómo mínimo, dadas las dificultades propias de la inspiración, países como Guatemala deberían aprovechar al máximo el crecimiento que podrían obtener de la pura transpiración. Sin embargo, en el ambiente de negocios en inversión que reina hoy en día en el país, ni siquiera se puede decir que existan las condiciones mínimas para que los sectores económicos tradicionales aprovechen todo su potencial, no se diga las condiciones necesarias para mejorar la productividad y la eficiencia con la que opera la economía. Así, los millones de guatemaltecos que desearían trabajar formalmente no encuentran empleos de ese tipo; los inversionistas que pudieran contratar a estas personas no tienen los incentivos para crear esas nuevas fuentes de empleo, y; quienes pudieran descubrir nuevas oportunidades económicas y nuevos negocios se ven obstaculizados por la falta de condiciones básicas para garantizar un adecuado retorno económico a su inspiración.

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