“Es fácil verla venir, lo difícil es bailar con ella” reza el conocido refrán.A estas alturas de la carrera electoral nadie se está preocupando por gobernar, todos se empeñan en “llegar”. No tiene mucho sentido, pensarán, preocuparse por gobernar, elaborar planes y conformar equipos de trabajo si no se llega al poder. Pensar en el futuro es lujo que nadie puede darse, ya sea por falta de medios para hacer un adecuado ejercicio de prospectiva; por una actitud escapista que prefiere eludir la responsabilidad que implica el futuro; por la carencia de ideas para afrontar los retos que tiene el país, o bien; por el puro interés propio por encima de los intereses del país. Sea como sea, todo indica que los políticos en contienda no se están preocupando, como mínimo, en la situación que afrontarían de resultar ganadores en la próxima contienda electoral. Menos aún, en la situación que afrontaría el país después de su paso por el poder.

De estarlo haciendo, se verían ya indicios de preocupación por parte de todos los políticos en contienda y se empezaría a discutir seriamente acerca de los principales retos que afrontará el próximo gobierno. Nada de esto sucede en la arena pública a pesar que toda la evidencia disponibleapunta hacia un complicado panorama económico y político durante el 2016 y los años sucesivos. En el ámbito económico resalta la debilidad crónica de las finanzas públicas, la cual no se limita a los problemas asociados con la recaudación tributaria, la debilidad institucional de la SAT, el contrabando y la defraudación aduanera, sino también todo lo relacionado con la calidad del gasto y la baja capacidad de ejecución de ciertos rubros del mismo, así como los onerosos compromisos financieros derivados de los pactos colectivos con los sindicatos de la educación y la salud. No se diga nada de la enfermiza dependencia del endeudamiento público para hacer frente a compromisos coyunturales y la presión que el servicio de la misma impone sobre el presupuesto público.

En la medida la situación actual no se mejore, el escenario más probable parael próximo gobierno es muy negro. De seguir todo igual, quienes resulten electos tendrán que estrenarse con impopulares medidas como reducciones forzadas en el gasto público, sobre todo en el gasto corriente; dañinas reformas fiscales que probablemente girarán en torno al aumento de la tasa del IVA, la creación de impuestos a las transacciones financieras o la telefonía o el aumento a los impuestos existentes; presiones sobre la banca central y el IGSS para utilizar sus reservas para financiar el gasto, y/o; contratación masiva de deuda para salir del paso, etcétera.  Si los políticos en contienda vislumbraran adecuadamente esta situación, seguramente celebrarían menos y se preocuparían más. Salvo claro está, que les importe muy poco el futuro del país y únicamente estén interesados en utilizar el poder para su beneficio propio.

 

 

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