Incierto y complicado futuro

13 de febrero, 2018.

Escrito por Hugo Maul R.

No importa cuántas Ferias del Empleo y actividades para promocionar la contratación de jóvenes haga el Ministerio de Trabajo y Previsión Social, mientras no existan nuevas inversiones, negocios, proyectos productivos que necesiten contratar grandes cantidades de trabajadores, de manera formal y permanente, la difícil realidad que afrontan cientos de miles de jóvenes y millones de adultos que no encuentran en dónde emplearse difícilmente mejorará. Poco importa cuántos planes económicos o estrategias de desarrollo impulse el Ministerio de Economía, mientras no mejore su capacidad de ejecución, lo más probable es que tan bien pensados planes se queden en puras presentaciones en Prezi o Power Point. Mucho podrá esforzarse el Micivi para tratar de recuperar la red vial del país y construir algunas nuevas vías de comunicación que, dado el nivel de abandono y destrucción de la infraestructura existente, difícilmente tendrá un impacto positivo en los costos de transporte y duración promedio de los viajes por carretera. Mucho menos, si antes no mejora la capacidad de ejecución de la obra pública y las condiciones de competencia, transparencia y honestidad bajo las cuales estas se realizan.

Algo parecido, sino más grave, ocurre en materia educativa; mucho podrá decir el Mineduc que está haciendo para mejorar la cobertura y calidad de la educación, nada a cambiar mientras no se comprenda que la educación pública está secuestrada por un sindicalismo radical e ideológico cuyo único fin parece ser la lucha revolucionaria y el control progresivo sobre el presupuesto público; movimiento al cual poco le importan el tipo de habilidades que deberán tener estos jóvenes para afrontar los nuevos trabajos que el futuro traerá consigo. Al final de cuentas, aunque pudiera mejorarse la cobertura y la calidad del sistema educativo actual, el problema radica en que este sistema es cada día más obsoleto de cara al cambio tecnológico, informático y cultural que ocurre en el mundo.

Para colmo de males, incluso el trillado argumento de la baja carga tributaria se queda corto en estas circunstancias; carecería de sentido inyectar mayor cantidad de fondos al presupuesto público, sobre todo mientras no existan garantías acerca del uso eficiente, efectivo, honesto, transparente y oportuno de los recursos públicos existentes. Ahora más que nunca, más que una excusa, es una obligación de los contribuyentes demandar que mejoren tales condiciones del lado del gasto antes de pagar un centavo más en impuestos. En este particular estado de cosas, la mayoría de ciudadanos están absortos en lo que sucederá en el cortísimo plazo y casi nadie se está dando cuenta del atolladero que se avecina. Aunque también parece una idea desgastada y poco concreta en las circunstancias actuales, es importante reconocer que el país va tarde en lo que corresponde a diseñar y poner en práctica una estrategia de largo plazo que permita corregir los problemas anteriores y muchos otros que comprometen el futuro de todos.

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