Guerra de las bolsas plásticas

Toda intervención de Gobierno conlleva siempre costos y beneficios que deben ser sopesados.

Difícilmente alguien podría sentirse satisfecho de verlas tiradas por todos lados; adheridas a cercos, mallas y potreros; parcialmente destrozadas dentro cultivos, jardines y suelos; flotando en ríos, mares y lagos. Aun así, con todos los costos externos que podría tener su inadecuado uso, el uso de bolsas plásticas también genera importantes ahorros y beneficios a la sociedad y el ambiente. De no haber sido ese el caso, difícilmente se hablaría hoy del daño que estas causan y la necesidad de regular su producción y venta; su amplio uso en la sociedad moderna es consecuencia directa de los múltiples beneficios que reporta a sus usuarios, así como su bajo precio. Aunque resulte relativamente fácil listar todos los males del uso inadecuado de las bolsas plásticas, e invocar el poder coercitivo del Estado para corregirlos, no puede asumirse que eliminar el uso de ellas no implica costos para la sociedad y el ambiente.

Dado que los consumidores seguirán necesitando algún tipo de receptáculo para llevar o guardar sus pertenencias, forzarlos a que sustituyan una solución barata y efectiva, como las bolsas plásticas, por bolsas de otro tipo de materiales siempre implicará costos que deban pagar los consumidores. Además, claro está, de los costos externos que la producción de bolsas de otros materiales puede tener para el ambiente. La producción de bolsas de papel, socorrida opción alterna a las bolsas plásticas, por ejemplo, puede conllevar más consumo de energía, agua y gases de invernadero que la de bolsas plásticas, además de representar mucho mayor volumen y peso una vez se desechan. En el caso de otros sustitutos tradicionales de origen natural, tales como hojas, fibras o cortezas, además de los inconvenientes diferenciales que podría tener su uso, habría que sumar el impacto potencial del consumo a gran escala de estos productos sobre su producción y/o libre disposición en la naturaleza.

En todo caso, por más beneficiosa que pueda parecer cualquier ley, en este caso la que pretende regular las bolsas plásticas, es preciso superar la persistente tendencia a concentrar toda la atención en los supuestos beneficios de la intervención gubernamental. Toda intervención de Gobierno conlleva siempre costos y beneficios que deben ser sopesados; no prestar atención a efectos secundarios y distantes a este tipo de intervenciones puede resultar muy costoso. Como bien dice un conocido economista, los dos principales errores en materia económica se derivan de enfocarse solamente en las consecuencias inmediatas de una política pública y considerar solamente los efectos sobre un determinado sector y no sobre todo el sistema económico. Creer que regulando el uso de los plásticos de manera coercitiva se corrigen los efectos de su mal uso sobre el ambiente consiste un grave error. Al final de cuentas, mucho del problema con las bolsas plásticas radica en la irresponsabilidad de quienes las usan, que en lugar de deshacerse de ellas de forma responsable simplemente las tiran en cualquier lado.

Nota publicada en el Periódico: http://elperiodico.com.gt/opinion/2016/11/08/guerra-a-las-bolsas-plasticas/

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