En una célebre foto tomada hace varios meses atrás durante un discurso presidencial en una escuela pública, con ocasión de la entrega de unos pupitres por parte del presidente Morales, se veía en primer plano un niño que no podía más con el bien ensayado discurso presidencial de esa ocasión (http://www.soy502.com/articulo/foto-nino-durante-discurso-presidente-causa-furor-redes). La cara de ese niño reflejaba una profunda frustración y un ardiente deseo porque todo acabara lo más pronto posible. Una situación que cada vez más guatemaltecos empiezan a sentir con el gobierno actual. Los continuos errores comunicacionales en los que sus asesores hacen caer a Morales; las equivocaciones técnicas y políticas de varios de sus ministros y figuras cercanas, las dificultades de su gobierno para establecer y liderar una agenda de reformas económicas y políticas y las sombras de manejos opacos de recursos públicos que sobre algunos de sus allegados más cercanos hace que cada día más guatemaltecos cuestionen profundamente el futuro de este gobierno. Aunque en el fondo muy pocos desean que a Morales y a su gobierno les vaya mal, salvo, claro está, alguno que otro político agorero de la vieja guardia que ven en los tropiezos de Morales la oportunidad para autoproclamarse, ante propios y extraños, como estadistas capaces de sacar al país adelante, la credibilidad del gobernante ha sufrido serios reveses durante los últimos meses.

En todo caso, lo importante es que Morales tiene en sus manos todavía la posibilidad de evitar un trágico desenlace. Tarea en la cual, seguramente, puede contar con el apoyo de la comunidad internacional, de grupos sociales respetuosos de la ley, líderes de la sociedad civil no comprometidos políticamente, cámaras empresariales, centros de pensamiento y líderes académicos, políticos e intelectuales interesados en mantener la institucionalidad democrática. Dentro de todos estos grupos existen personas con amplia experiencia en cuestiones de gobierno, asuntos jurídicos y manejo de la política que, seguramente, estarían dispuestos a enriquecer la lectura que ya tiene de la situación del país, sus problemas y posibles soluciones. Un pequeño aporte que, de ser tomado en serio, podría hacer una gran diferencia en la conducción de la cosa pública.

Si bien el rechazo generalizado del año 2015 contra la corrupción y la política tradicional desembocó en la elección de un gobierno débil, en ningún lugar está escrito que no se puede recobrar la credibilidad perdida. La sensación de incertidumbre sobre el futuro de este gobierno que cada vez más guatemaltecos comparten demanda medidas concretas en la dirección correcta. De lo contrario, al igual que el niño de la foto, solo quedaría esperar incómodamente para ver si el gobierno es capaz de sobrevivir las distintas crisis que le aguardan y si quienes lo han apoyado desde fuera están dispuestos a seguirlo haciendo mientras más empinado se ponga el camino. O bien, a que el telón caiga antes de tiempo.

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