Un terrible error debe ser reconocido abiertamente y sin tapujos. La semana pasada argumentaba, en este espacio, que a partir de la firma de los Acuerdos de Paz el presupuesto y el endeudamiento interno público han crecido de forma significativa. En el texto original se decía, por error, que de “aprobarse el presupuesto público para 2017, la deuda interna “sobrepasaría los Q180 millardos. ¡36 veces más! respecto de su valor en 1996”. Sin embargo, tal y como lo hicieron notar varios lectores, entre ellos el propio Ministro de Finanzas, a quien se agradece el noble gesto de dedicar valiosos minutos de su tiempo a leer detenidamente lo que se publica en este espacio, la deuda interna proyectada para finales de 2017 alcanzaría solamente unos Q80 millardos. ¿Cambia esto el análisis? Con Q80 millardos, el saldo de la deuda sería 16 veces mayor que el saldo original. Aunque este valor es menor al consignado la semana pasada, el fondo del argumento sigue siendo el mismo: durante los últimos veinte años la transferencia de recursos hacia el gobierno ha aumentado significativamente, sin que pueda decirse lo mismo de los resultados alcanzados con estos recursos.

Aunque el crecimiento del gasto público y del endeudamiento no parezca tan dramático cuando a estas variables se les relativiza respecto del PIB, ya que este también ha experimentado un crecimiento en el período de referencia, sigue siendo cierto que entre 1996 y 2017 la cantidad de recursos reales en manos del Gobierno vía el gasto público se ha multiplicado por tres, un crecimiento de 300 por ciento. Algo que, incluso, es válido cuando el gasto público se relativiza respecto de la cantidad de habitantes en el país. Si se considera que la cantidad de población en el país creció un 70 por ciento entre 1996 y 2017, resulta que también el gasto público por cabeza ha experimentado un crecimiento en los últimos veinte años. Por más urgente que pudiera resultar aumentar el nivel de gasto per cápita, suponiendo que esta fuera el indicador clave de desempeño del sector público, a pesar que, claramente, no lo es, resulta imperativo evaluar el avance en los resultados que se han obtenido a la fecha gracias a este crecimiento en el gasto público.

Mucho bien haría el Minfin poniendo a la disposición pública, tal y como lo demanda la metodología de gestión y presupuestación por resultados, el avance físico real en la consecución de los resultados estratégicos de Gobierno durante los últimos cuatro años. Es decir, cuánto se avanzó en mejorar las condiciones de vida de los grupos objetivo de las intervenciones de Gobierno durante los últimos cuatro años. Un insumo clave que haría mucho más transparente y comprensible el proceso de aprobación del presupuesto que se avecina. No se puede seguir argumentando que el nivel de gasto público actual es insuficiente para cerrar las necesidades sociales, hace falta decir cómo y poder pasar de las promesas en papel a los resultados en la práctica. Seguir gastando como hasta hoy se ha hecho, a todas luces, insistir en el error.

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