En artículos anteriores he argumentado que la mejor forma para reducir los índices de pobreza en Guatemala es logrando que la política social del Gobierno se enmarque dentro del ciclo de vida de las personas, entendiendo esto como la provisión de los servicios clave que se deben de prestar a las personas desde su concepción: 

Servicios de atención materno infantil, especialmente los enmarcados en la ventana de los 1,000 días; niñez y adolescencia: acceso a educación de calidad, que permita a futuro prepararse para la vida, el trabajo y el emprendimiento; en su juventud y adultez, logrando un mercado dinámico donde se puedan desempeñar de forma exitosa y generar ahorros suficientes para que puedan vivir de ellos en la tercera edad. 

Lo anterior requiere un esfuerzo importante enfocado especialmente en la población más pobre y representa un cambio en el paradigma actual de ejecución de política pública, el cual se basa en la verticalidad de las acciones ejecutadas a través de cada Ministerio y que, como ya se ha mencionado anteriormente, no ha sido muy exitosa para mejorar el capital humano en Guatemala.

Sin embargo, decirlo es más fácil que hacerlo, por lo que en futuros artículos intentaré hablar sobre las dificultades para su ejecución y la vinculación con la gestión por resultados. 

Lo segundo es que en lo que llevo de escribir en esta revista, solo he tocado un eslabón de la cadena del desarrollo. El desarrollo social no se alcanza únicamente mediante la ejecución de políticas públicas efectivas y coordinadas. Tan o más importante es la existencia de las condiciones marco adecuadas para que en Guatemala exista inversión, tanto nacional como extranjera, que genere puestos de trabajo que demanden, a su vez, cada vez más capital humano capacitado.

Lo anterior es importante, porque existen algunas personas que creen que, desde el punto de vista de la economía de mercado, lo único que importa es la libertad económica. Esa sería una postura muy extrema y, desde mi punto de vista, incorrecta, ya que la economía de mercado también reconoce un rol importante para el Estado: su subsidiariedad. 

Se reconoce entonces que mientras más personas sean capaces de ingresar al mercado laboral o poner sus propias empresas, el crecimiento de Guatemala se va a dinamizar. Por lo tanto, es de interés de todos que, aunado a la promoción de la eficiencia y la innovación en los mercados, se trabaje por mejorar la educación y la salud de las personas más vulnerables. 

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