4 de diciembre, 2017

En los años 80 muchos centroamericanos estábamos preocupados por la crisis que vivían la mayoría de nuestros países. El Salvador y Guatemala con conflicto armado interno, Nicaragua pasaba por una dictadura comunista, Honduras estaba contagiada por los problemas de los vecinos y Costa Rica era un país de refugiados, que servía de “jamón del sándwich” entre Panamá comandada por Manuel Antonio Noriega y Nicaragua por Daniel Ortega. Por iniciativa de un grupo de jóvenes de una organización en Costa Rica se inició un movimiento juvenil por la democracia denominado Juventudes Democráticas del Istmo Centroamericano (JUDICA). Nuestro mayor anhelo era ver paz en nuestros territorios y lograr un sistema político que permitiera el estado de derecho, el desarrollo social y la economía de mercado en la región.

Luego de la ola del socialismo del siglo XXI, los sistemas democráticos fueron debilitados y están en una encrucijada”. Una década después el panorama era muy positivo para nuestros países. Los gobiernos se volvieron democráticos, se firmó la paz en El Salvador y Guatemala, luego doña Violeta de Chamorro ganó las elecciones en Nicaragua, Honduras siguió el curso de la democracia, Costa Rica regresó a enfocarse en su futuro y Panamá quedó libre de Noriega y protegida por Estados Unidos.

Los gobiernos realizaron varias reformas. Se amplió la cobertura de los servicios de educación y salud con sistemas novedosos, se bajaron aranceles para lograr mayor competencia, se liberaron servicios como la electricidad y telecomunicaciones. La región se presentaba con futuro y era atractiva para la inversión. Varios de los jóvenes de JUDICA nos involucramos, participamos e iniciamos para cumplir con nuestro sueño y muchos pensamos que había sido suficiente.

Sin embargo, años más tarde el panorama no es alentador. Luego de la ola del socialismo del siglo XXI, los sistemas democráticos fueron debilitados y están en una encrucijada. La dictadura en Nicaragua, donde Ortega es casi un rey. Honduras presenta grandes conflictos por las elecciones recientes donde dos grupos se disputan la presidencia. En El Salvador ya gobernó la derecha y la izquierda, pero el país no despega –allí dominan las pandillas–. Guatemala escoge a un presidente sin experiencia, en contra de la vieja política y el país sigue sin rumbo. Costa Rica ensaya con la elección de Ottón Solís contrario al bipartidismo tradicional y Panamá lo gobierna Juan Carlos Varela –político con experiencia–, luego de un gobernante que fue tachado de autoritario.

El Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo del Norte será una fantasía si no tomamos acción. Imperante generar oportunidades de trabajo y bienestar a la población ¡nuestro propio sueño!”.

Nos hemos convertido en una de las regiones más violentas del mundo –especialmente el Triángulo Norte–. Hemos permitido que el narcotráfico se apodere de nuestros territorios y nadie se ha salvado de gobiernos corruptos y del nepotismo. Panamá ha despegado económicamente, Costa Rica se ha estancado y Nicaragua se ha convertido en “el paraíso” –porque se negocia con una persona y disque hay certeza jurídica–. Guatemala, Honduras y El Salvador no logran el suficiente crecimiento económico ni el desarrollo social necesario para aprovechar toda la población joven y prosperar. Sin embargo, se amplían programas populistas y se aumenta el gasto público para que con clientelismo político unos pocos se beneficien del poder.

El Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo del Norte será una fantasía si no tomamos acción. Imperante generar oportunidades de trabajo y bienestar a la población ¡nuestro propio sueño! Es momento de renovar los liderazgos de la región e iniciar un movimiento ético, solidario y visionario, que busque instituciones modernas y democráticas al servicio de los ciudadanos. Urge transformar la realidad de nuestros pueblos que hoy sufren pobreza, violencia, tristeza y desesperanza. ¿Cómo iniciar? ¿Qué inspira un movimiento innovador? ¿Se apuntaría?

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