Últimamente se ha puesto de moda nuevamente la creación de empleo. A nivel internacional, principiando con el papa Francisco, quien en su última encíclica sobre el ambiente, enfatiza en la prioridad de garantizar el acceso al trabajo a todas las personas; continuando con la OIT, quienes, en el marco de su Conferencia Internacional del Trabajo, hicieron importantes recomendaciones para facilitar la transición del trabajo informal hacia el trabajo formal. Además, claro está, de todos los candidatos presidenciales hablan que han hecho del empleo el eje central de sus campañas. Sin embargo, al momento, no existe en Guatemala un consenso generalizado acerca de la importancia de los llamados del papa y la OIT.

Si bien es importante que el papa y la OIT se sumen a la cruzada a favor de la creación de empleo formal, hace falta transformar estas buenas intenciones en propuestas concretas que ayuden a superar los problemas económicos y sociales que acarrea la falta de empleo. De nada sirve que el papa diga que la creación de puestos de trabajo por parte de las empresas “es parte ineludible de su servicio al bien común” o que la OIT abogue por la “adopción de políticas comerciales, industriales, impositivas, sectoriales y de infraestructura que promuevan el empleo y aumenten la productividad” si quienes hoy tienen la voz y el poder político para promover este tipo de reformas, u oponerse a ellas, son quienes más privilegios y beneficios personales han derivado de su oposición sistemática a este tipo de medidas. De nada sirve que la OIT recomiende “desarrollar políticas de salarios mínimos, protección social, transferencias de efectivo y programas de capacitación especialmente diseñados para facilitar que los hogares más pobres puedan salir de la pobreza y acceder libremente al empleo deseado”, si la defensa de los intereses de quienes pudieran beneficiarse de las mismas está en manos de abogados constitucionalistas que no comprenden que no existen derechos laborales que defender cuando las personas no tienen acceso al trabajo.

Las personas a quienes se refiere el papa y a quienes van dirigidas las recomendaciones de la OIT, los 5 millones de guatemaltecos que laboran en la informalidad y los 200 mil jóvenes que ingresan anualmente al mercado laboral, desafortunadamente, no están adecuadamente representadas en este debate. En vano llama el papa a que “se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos”, a que se comprenda que “ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias… (que) el gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo”, si los intereses de quienes pudieran beneficiarse de mayores acceso al trabajo están siendo representados de forma ilegítima por una cuestionada dirigencia sindical y oportunistas defensores de derechos humanos, para quienes garantizar el acceso al trabajo es la última de sus prioridades.

Visítanos en nuestras cuentas de: