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Por Lisardo Bolaños Fletes
En resumen, Hugo Maul escribió en su última columna lo siguiente: “Honorabilidad y Comisiones de Postulación. Pareciera que a esto se reduce el problema institucional que sufre Guatemala. Eso es lo que sucede cuando se pretende organizar el Estado en torno a un sistema que depende más de “hombres buenos” que del imperio de la ley. (…) El problema de fondo, del cual casi nunca se habla y menos se hace para resolverlo, en palabras del Premio Nobel de Economía, D. North, es que en Guatemala las instituciones no fueron «creadas necesariamente para ser socialmente eficaces; al contrario, las instituciones, o por lo menos las reglas formales, fueron creadas para apoyar los intereses de los que tienen el poder de negociación para crear, o modificar, las reglas de juego»”.
No estoy de acuerdo con Hugo. En un email que le envié hace un par de días mis argumentos fueron más o menos los siguientes:
Creo que los sistemas siempre van a depender de personas honorables. Es más, buenos sistemas están diseñados para lograr que personas honorables (o adecuadas para desempeñarse adecuadamente) lleguen a controlarlas. Las instituciones siempre dependerán de personas y de su criterio para tomar decisiones.
Por otro lado, no es el sistema realmente lo que permite que las instituciones y la sociedad “funcione adecuadamente”, sino las creencias que tiene la gente de lo que es y no es válido Con esto no me refiero sólo al político en el puesto más alto de la institución, sino me refiero a que la sociedad comparte un mínimo código de conducta que sigue. Es decir, aplica para todos los funcionarios públicos, desde el ciudadano de a pie, hasta el que lo atiende en las oficinas en el Ministerio de Finanzas Públicas, hasta el Presidente de la República.
Lo que sucede en Guatemala es que no hay meritocracia, no nos guiamos por el mérito. OJO. No hablo sólo de cómo funciona el Gobierno. Hablo de la misma sociedad. ¿Qué premiamos en nuestra sociedad? ¿Cuáles son nuestros grandes ejemplos? ¿Quiénes son nuestras leyendas? ¿Quiénes nuestros mitos? ¿Qué actitudes buscamos promover? ¿Cuál es el ethos de nuestros pueblos?
Sin embargo, comparto lo que dice Hugo, en el sentido de que en Guatemala los sistemas están diseñados para que exista poder de veto por parte de algunos grupos poderosos en la sociedad. Pero para cambiar eso, hay que cambiar la distribución de poder, no la institucionalidad. De cierta manera, eso está pasando en la lucha de poder que estamos viendo en los últimos años. Los enfrentamientos, las coaliciones y las distancias de grupos como la UNE, el FRG, las juventudes (no es una, sino son varias) y los sectores privados (no es uno, sino son varios), y muchos otros actores más.
La pregunta es cuál va a ser la decisión institucional que "vamos" a tomar. Creo que es nuestro deber comprender lo que está pasando e influir en el proceso. Nuestras instituciones no lo resolverán completamente porque de lo que se trata es exactamente de cómo serán las instituciones a futuro. Y eso dependerá de nuestras decisiones.
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