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Por Vanessa Paz Abdo
Muchas veces se desprecia el trabajo de los empresarios en la sociedad guatemalteca. Ayer, unos cinco mil campesinos e indígenas vinieron a la ciudad capital a realizar una marcha en conmemoración del Día de la Tierra, y durante su recorrido manifestaron su rechazo a ciertas actividades empresariales. Durante la caminata se podía escuchar por el auto parlante algunas de sus denuncias contra algunos empresarios, a quienes catalogaron de privilegiados, inhumanos, explotadores y sin conciencia social, entre otras cosas.
Así como este grupo de manifestantes, hay muchos otros que tienden a generalizar, y a señalar a los empresarios como personas que han logrado grandes fortunas gracias a determinados privilegios, y a decir que son ricos a costa de los pobres. Claro que hay algunos empresarios que lograron aprovechar el proteccionismo gubernamental que existía hacia la industria hace muchos años; sin embargo, el mundo está cambiando y desde hace un par de décadas, cada vez los ambientes en que se opera son más libres y competitivos; lo que ha hecho que las empresas se esfuercen por ofrecer productos de menor costo, de buena calidad y a precios razonables.
Muchos guatemaltecos deseamos el desarrollo del país, y estoy segura, que todas estas personas que participaban en la marcha, también lo desean; sin embargo, con acciones como esa, a veces pareciera que actúan con una mentalidad que aún siguen en el siglo pasado. Y no son los únicos, muchas de nuestras instituciones y organizaciones parecieran haberse quedado también rezagadas por sus formas de operación y mentalidad, pues lo que menos les caracteriza es la competitividad y productividad, tan indispensable en el mundo de hoy, si se quiere cambiar a un país como Guatemala, aún en vías de desarrollo.
En un mundo competitivo, no cabe la mediocridad, así como tampoco el desperdicio de recursos. Hay muchos países que nos llevan la delantera; por lo que no basta con contar con un gobierno eficiente, o tener empresas competitivas, o funcionarios públicos capaces o trabajadores productivos, para salir adelante; sino la suma de todo bien hecho, de forma sistémica. Sólo así, podremos hablar de éxito de manera sostenible en el largo plazo.
Para ello, hay una gran tarea por delante, que sólo lograremos hacerla si cambiamos de actitud, si dejamos de desperdiciar recursos, si hacemos las cosas bien hechas a todo nivel, y trabajamos en armonía buscando poner a Guatemala muy alto, entre los mejores países. Actuando, en lugar de sólo protestar.
Apoyemos más la actividad empresarial, realizada con persistencia y pasión, riesgos y compromisos; entusiasmo y responsabilidad, que busca nuevas oportunidades y que no se cansa nunca de emprender; siempre en contacto con sus clientes para poderles servir mejor; con innovación, calidad, y servicio, que actúa de manera honesta, con ética y responsabilidad ante su comunidad; pues son ellos, un pilar de ese sistema que se requiere para lograr el desarrollo. Vale la pena seguir apoyando a los empresarios y reconocerles su labor.
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