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Por Mario Cuevas
Uno de los principales retos que enfrenta cualquier país es atraer la inversión necesaria para mejorar la infraestructura requerida para su desarrollo. Desafortunadamente, los países frecuentemente se encuentran en un círculo vicioso en el que les resulta difícil atraer inversión debido a su inestabilidad económica y pobre infraestructura; a su vez, estas últimas características son el resultado de la incapacidad de generar nueva inversión y crecimiento económico. Dicen que la culpa es del “riesgo-país”.
Causas de la debilidad de la inversión en infraestructura
El término “riesgo-país” se utiliza frecuentemente como algo genérico, bastante “macro” y más allá del control de nadie. En ocasiones el término no se emplea con pincel sino "generosamente" y con "brocha gorda," enmascarando como “riesgo-país” aspectos propios del diseño de los proyectos de infraestructura y su correspondiente marco regulatorio. Otras veces se entiende por “riesgo-país” alguna brecha entre el precio de una cartera de bonos de un país con respecto a la de otros países, o sea, como un asunto estrictamente macro-financiero y convenientemente fuera de nuestro control. Olvidar esas excusas sobre el riesgo-país y las cosas que “no pueden cambiarse” es el primer paso para ofrecer al mundo y a nosotros mismos una “oportunidad-país”.
En términos generales, hay cinco factores que reducen la inversión en infraestructura: (1) crisis socio-política, (2) inestabilidad macroeconómica, (3) mala regulación del sector, (4) problemas estructurales de los proyectos, y (5) un pobre desempeño de los inversionistas locales. El grado de control sobre cada una de estas áreas es heterogéneo.
Las dimensiones socio-políticas de los problemas frecuentemente resultan de la falta de apoyo popular a la inversión privada, lo que confirma la importancia de lograr un consenso a nivel nacional antes de invitar al sector privado a un proyecto importante de infraestructura. Una vez que un proyecto está en dificultades, la transparencia y comunicación abierta debieran ser parte íntegra del proceso de resolución, con el fin de eliminar la recurrencia de las renegociaciones. Esto último contradice la práctica usual de mantener la confidencialidad, que lleva luego a la apariencia de corrupción y malas prácticas. De cualquier manera, cabe reconocer el limitado control que puede retenerse sobre la dimensión socio-política del “riesgo-país”.
La volatilidad macroeconómica es también una causa importante de dificultades para los proyectos de infraestructura. Particularmente dañinas suelen ser las maxi-devaluaciones, pues los ingresos en moneda nacional en proyectos de electricidad, agua potable o carreteras, suelen usarse para pagar deudas en moneda extranjera. Por tanto, podrían establecerse mecanismos a nivel proyecto para la gestión del riesgo macroeconómico y cambiario, teniendo en cuenta que instrumentos apropiados para situaciones normales pueden no funcionar en condiciones extremas. En este contexto, los contratos de participación privada en infraestructura deben incorporar un marco completo para la renegociación en casos de crisis macroeconómica severa, aislando de esa manera al proyecto del “riesgo-país” propiamente dicho.
No obstante, el principal obstáculo para la inversión es el diseño del marco regulatorio, particularmente las fórmulas para calcular los precios de venta al público (por ejemplo, con la electricidad, agua potable y transporte) o de exportación (gas natural e hidrocarburos). Le siguen muy de cerca los problemas estructurales en el diseño de los proyectos, particularmente su estructura de gobierno y administración. Es en estas áreas donde existe un margen de maniobra para reducir el riesgo, por lo que su importancia difícilmente puede exagerarse—es aquí donde compiten las naciones por la escasa inversión internacional que está disponible hoy día para proyectos de infraestructura.
Problemas regulatorios y estructurales
La reducción del riesgo requiere mejorar el marco regulatorio y los problemas de diseño de los proyectos. Una vez completada la obra de infraestructura, las consecuencias de un pobre diseño suelen manifestarse tanto en la dimensión financiera como en las dificultades con las licencias de operación. Por ejemplo, en el sector eléctrico, estudios a nivel mundial demuestran que más del 90% de los proyectos en dificultades tienen algún tipo de problema financiero y sólo un 25% enfrentan la cancelación del permiso para operar. El patrón internacional sugiere que los gobiernos están tratando de “corregir” lo que consideran como condiciones financieras desfavorables para ellos, sin cuestionar el concepto mismo de la inversión privada. En efecto, los gobiernos necesitan mantener el proyecto en operación con el fin de extraer el máximo flujo financiero posible y evitarse las dificultades políticas del cierre de operaciones.
El diseño del marco regulatorio de los proyectos de infraestructura siempre debe considerar su naturaleza política. En lugar de hacer las del famoso "avestruz" y pretender que lo político no tiene nada que ver con el diseño del marco regulatorio, éste puede y debe reconocer el impacto político del sector.
Con un buen diseño, el marco regulatorio tendrá la elasticidad requerida para afrontar crisis políticas sin convertirse en un instrumento político; de hecho, un buen diseño regulatorio puede blindar al sector de los abusos de los políticos que se amparan en supuestas correcciones a las condiciones financieras del proyecto. En particular, el marco regulatorio debe acomodar el hecho de que hay un elevado nivel de sensibilidad política que resulta del uso o consumo generalizado del producto o servicio, y también que la volatilidad económica tiende a causar rondas de renegociación entre las empresas y los gobiernos. En estos casos, la tensión gira alrededor de distintos aspectos del marco regulatorio y el gobierno de los proyectos, por lo que desde el principio debieran incorporarse mecanismos para manejar dicha tensión.
Además, el diseño del marco regulatorio debe tener en cuenta la dinámica de los incentivos de los inversionistas y gobiernos a lo largo del ciclo del proyecto. Una vez que un proyecto ha sido completado el gobierno tiene incentivos muy diferentes a los que tenía al principio del ciclo, adquiriendo mayor poder de negociación. Por tanto, los proyectos debieran incorporar mecanismos para reducir el riesgo moral y contar con válvulas de escape para mitigar la tensión. El buen diseño no se limita a incorporar mecanismos de prevención sino también mecanismos para mitigar los riesgos a lo largo de todo el ciclo de un proyecto de infraestructura.
El siguiente elemento de importancia es diseñar una estructura efectiva para el gobierno del proyecto, teniendo en mente el impacto sobre el desempeño global y financiero al igual que los incentivos que se generan. La estructura debiera ser suficientemente flexible para permitir que el proyecto sobreviva en una gran variedad de situaciones. Una fuente usual de conflictos se refiere a quién tiene autoridad sobre el proyecto, por lo que el proceso de diseño del proyecto debe incluir una fase en la que se establecen las jurisdicciones correspondientes al gobierno nacional, provincial y local, o a entidades reguladoras y ministerios, entre otros. Además, las entidades reguladoras deben contar con los recursos necesarios para llevar a cabo la supervisión de un sector.
Asimismo, deben crearse mecanismos para identificar y resolver conflictos de interés al nivel de la gerencia, el directorio o cualquier otro nivel. Dentro de un proyecto de infraestructura debe respetarse un código de ética apoyado por todos los mecanismos legales disponibles. El gobierno del proyecto de infraestructura debe garantizar la transparencia, lo que además facilitará atraer nuevos capitales y mantener la confianza en el futuro; la falta de transparencia facilita la corrupción y la pérdida de la credibilidad, no sólo para el proyecto sino para la economía en general, sin olvidar que los canales de comunicación pueden ser tan importantes como el contenido. Específicamente, el diseño de los proyectos debe incorporar mecanismos que garantizan la integridad de la información contable y financiera, con adecuados mecanismos de gestión y control.
Finalmente, hay que reconocer que solamente una reforma de las políticas públicas manifestada en distintas leyes y en el marco regulatorio puede abrir la puerta para mejorar la calidad general de los proyectos de infraestructura en un país.
Respuestas para el “riesgo-país”
Todo país enfrenta el reto de atraer la inversión en infraestructura requerida para el desarrollo. En ocasiones, el término “riesgo-país” absorbe aspectos del diseño de los proyectos de infraestructura y su correspondiente marco regulatorio, dando la apariencia de que nada hay que pueda hacerse al respecto. Esto está muy lejos de la verdad, pues existe amplio conocimiento sobre diseño regulatorio y las estructuras de los proyectos en infraestructura que no siempre se aplican como es debido. Es allí donde un país puede distinguirse de otros en una economía internacional competitiva, rompiendo el círculo vicioso de la pobreza, tomando ventaja efectiva de las oportunidades que se presentan.
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