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La hora del sentido común
Por: José Raúl González Merlo.

El sábado pasado diversas entidades ecologistas llamaron a apagar todas las luces de nuestras casas por una hora en la noche. De esa manera nos sumaríamos a una campaña global que pretende influir sobre la próxima conferencia sobre el clima. Apagar la luz representaría “un voto para la tierra”; dejarla encendida sería “un voto a favor del calentamiento global”. Lo denominaron “la hora de la tierra”; sin embargo, conviene dedicarle también una hora al sentido común.

 

 

 

Es bueno que nos preocupemos por el medio ambiente. Pero es mejor que lo hagamos en base a un análisis inteligente y no a arrebatos entusiastas que simplemente nos atemorizan y  manipulan. La llamada “hora de la tierra” es uno de esos ejemplos. ¿Qué sentido tiene haber apagado todas las luces de nuestras casas por una hora? En la lógica de los ecologistas, tener las luces encendidas causa un “daño” al planeta. Por ello es que apagarlas habría sido bueno. Y lo que es bueno por una hora para el planeta, debe ser bueno por veinticuatro horas ¿no? Conclusión: apaguemos  las luces para siempre y “muerto el perro se acabó la rabia”.

 

 

 

Esto último, seguramente, ya no tendrá una reacción tan entusiasta. No es razonable pedirles a las personas que renuncien a uno de los logros más relevantes del progreso (como la energía eléctrica) porque, supuestamente, se está causando un daño irreparable al medio ambiente. La electricidad es mucho más que un gran capricho tecnológico. Les apuesto que ninguna sala del intensivo de hospital alguno apagó los aparatos eléctricos que mantienen con vida a los pacientes. Así de absurda es la lógica de la propuesta. La electricidad no tiene nada de malo.

 

 

 

Sin embargo, el mundo está lleno de personas que, de buena fe, habrán creído que apagar las luces haya hecho una diferencia. Puede ser que si porque los ecologistas intentarán usar esa ingenua expresión y atribuirse esa representatividad para avanzar su agenda frente a la próxima conferencia sobre cambio climático en Dinamarca. Supongo que usted no sabía que eso iba a pasar si apagaba sus luces. Lo que implica que conviene conocer qué contiene la agenda de estos grupos ecologistas porque, de tener éxito, nos terminará afectando a todos. Y, lo peor del caso, es que nada nos garantiza que sus propuestas, efectivamente, produzcan un mejor planeta; especialmente si vienen en la misma línea de la última reunión de cambio climático en Kyoto, Japón.

 

 

 

No hay nada como tomar decisiones informadas. Apague sus luces pero hágalo consciente de  porqué lo está haciendo. No se deje manipular  por un entusiasmo bien intencionado. En materia de calentamiento global hay muchos mitos que deben ser expuestos antes de entregarles un cheque en blanco al movimiento ecologista.

Árboles en Flor

Por: Hugo Maul Rivas.  

¿Qué hacer para evitar los efectos de la crisis? ¿Cuáles son las perspectivas económicas para los próximos años? ¿Tiene el gobierno un plan para combatir la violencia?  Preguntas y más preguntas. Afortunadamente, conforme fueron pasando los kilómetros, cada una de ellas quedó atrás y dio paso a una sensación de verdadera esperanza. Esto a pesar que mi recorrido me llevó por calles y avenidas que aparentemente no tienen nada especial que ofrecer. Durante varios años he tomado fotos de las jacarandas  (árboles de flores lila) y matilisguates (árboles de flores rosadas) en las calles de las zonas 5, 8, 9 y 10 de la ciudad. Hace un año decidí que algún día haría un recorrido por estas calles para observar el espectáculo que ofrece la naturaleza en esta época del año. Ayer fue ese  día. En los poco más de 15 kilómetros de la ruta de los “árboles en flor”, en pleno corazón comercial y financiero de la ciudad, puede uno atestiguar la capacidad de la naturaleza para embellecer lo que los humanos arruinamos con nuestro concepto de progreso. Como la naturaleza pinta de colores lila y rosado lo que nosotros manchamos de gris y de negro.  

Un espectáculo que nos muestra la importancia de ver más allá, de reconocer que siempre existirá la posibilidad para algo nuevo y mejor. La importancia de ver lo mismo de siempre desde una perspectiva diferente. Por ejemplo, quién se iba a imaginar que a lo largo de este recorrido podría yo contabilizar más de 210 Matilishguates y 195 Jacarandas en plena floración. Además de un árbol de hormigo, con todo y plaqueta explicando su relación con la marimba, tres Ceibas y un imponente árbol de flores anaranjadas cerca de la SAT. No se diga la cantidad incontable boungavilias y otras especies que florecen en esta época del año. Allí está todo esto y a penas si nos damos cuenta. Estamos acostumbrados a perdemos en nuestro micro cosmos en lugar de considerar lo que ofrece el contexto del contexto.  Por ejemplo, reparar en el impresionante sol color naranja de los amaneceres y atardeceres de esta época del año, en las calles alfombradas de flores o el cielo salpicado de parches lila y rosado.  Las jacarandas más lindas de mi recorrido, según mi humilde opinión, están en los alrededores de la Piscina Olímpica, especialmente en la parte de atrás de dicho recinto. Entre los matilisguates sobresalen el que está en el arriate central en la Avenida de la Castellana, frente a la antigua torre de Guatel, y el que está en la sección sur del Campo Marte, cerca de la entrada principal a dicho lugar. No se diga, aunque no pasé por ahí, los que están en la Calzada Roosevelt entre séptima y décima avenida de la zona 7.

El Salvador y el FMLN
Por: Hugo Maul Rivas.  

Mucho se ha dicho sobre la victoria del FMLN en El Salvador. Muchas de las opiniones coinciden en la oportunidad histórica que tiene la izquierda salvadoreña para mostrar su madurez y responsabilidad política. Demostrar con hechos que un buen gobierno de “izquierda” puede ser preferible a un mal gobierno de “derecha”.  Lo cual no implica, como lo muestra la experiencia chilena, desmantelar cuanta política haya sido impulsada por la ARENA. El caso chileno es un ejemplo en donde, después de varios mandatos de partidos de otra orientación, muchas de las reformas económicas impulsadas por el gobierno de “derecha” siguen siendo los pilares de la economía de ese país: libre comercio, independencia del banco central, disciplina fiscal y monetaria, etcétera. Como lo prueba el caso chileno, no todo gobierno de izquierda tiene que seguir necesariamente el modelo populista o el autoritario. Funes, el presidente electo de El Salvador, parece ser un tipo con la inteligencia y sagacidad suficiente para darse cuenta que lo que menos le conviene a su país es una política revanchista contra las políticas de ARENA. Dentro del grupo de asesores económicos cercanos al presidente electo se pueden encontrar figuras claves con una sólida formación técnica y con una postura de izquierda moderada.

Ahora bien, una cosa es lo que el ala moderada y modernizadora del FMLN quiera hacer y otra lo que las viejas facciones los dejen hacer.  Para nuestro vecino sería altamente costoso que el nuevo gobierno siguiera los pasos del Sandinismo o de otras vertientes de izquierda populista en la región. No se niega que El Salvador necesita ciertas reformas claves de su economía y en la forma en que se conduce la política pública. Sin embargo, esto no debe verse como “la oportunidad” para la revancha de la izquierda o como la excusa para culpar de todos los males existentes a los gobiernos anteriores. Este tipo de actitud solamente sirve para que afloren viejos rencores y para poner en evidencia la inefectividad de quienes se valen del mismo. Aunque seguramente muchas de las políticas impulsadas por la ARENA no dieron los resultados que se esperaban, favorecieron a determinados grupos económicos o propiciaron la corrupción, algunas otras dieron resultados y están funcionando adecuadamente. La clave del éxito para el nuevo gobierno será tener la cabeza fría y no caer en la tentación de desbaratar veinte años de reforma económica. Esto sería, sin duda alguna, el suicidio económico y político para El Salvador. 

La nueva teoría del derrame
Por: José Raúl González Merlo.  

¿Se recuerda de la “teoría del derrame”? ¿Aquella que hace énfasis en el crecimiento económico del sector privado como fuente de reducción de la pobreza? ¿La que contrasta con la teoría de la izquierda que hace énfasis en la redistribución de la riqueza como medio para reducir la pobreza? Pues ahora hay una nueva teoría del derrame: el gobierno lo hará todo. Provocará el crecimiento económico y derramará la riqueza entre los más pobres.

 

Si usted cree que el gobierno es fuente de prosperidad y que es el motor del crecimiento económico, usted se identificará con la “nueva teoría del derrame”. Promoverá acciones que “estimulen” la economía como líneas estatales de financiamiento para la construcción, un déficit fiscal que pague por muchas obras de infraestructura o simplemente continuará regalando dinero. En resumen, usted querrá que el gobierno aproveche a “convertir esta crisis en una oportunidad” promoviendo la prosperidad desde las altas esferas de poder para que, desde allí, la riqueza se derrame hasta los más pobres… ¿Qué tal? Ojala fuera así de fácil porque no habría países pobres en el mundo.

 

La nueva teoría del derrame será un fracaso porque el gobierno no es fuente de prosperidad y menos de eficiencia. Como el gobierno no crea nada; el gasto público solamente   “redistribuye” la poca riqueza que se crea. Cuando la riqueza no alcanza, el gobierno descaradamente nos endeuda hipotecando nuestros ingresos futuros con el gasto deficitario. Ambas cosas son casi una garantía que seguiremos siendo pobres.  Por otra parte, ¿qué nos hace creer que ahora si se van a gastar el dinero correctamente? ¿Cómo sabemos que el caldo no nos va a salir más caro que los frijoles? ¿Qué clase de “estímulo” provocará el gasto público? Es ingenuo pensar que, como consecuencia de la crisis, el Estado repentinamente se haya vuelto eficiente y honesto. Algo así como que las carreteras que se hagan beneficiarán a todos y no solamente a los funcionarios o diputados para que pasen frente a sus propiedades; como la prensa ha reportado en el pasado.

 

El desarrollo económico y social de nuestra nación es demasiado importante como para dejarla en manos de funcionarios de gobierno. Yo si creo que el gobierno tiene mucho que hacer pero para solucionar otra crisis: la crisis de inseguridad. Esa es la única crisis en la que el gobierno debe meterse a solucionar. En esa, sí puede hacer la diferencia si deja de andar viendo como “estimula” la economía y ve cómo agarra a los criminales. Y si soluciona esa crisis, veremos cómo florecerá, de nuevo, nuestra productividad y la empresarialidad del pueblo nos sacará de la recesión por nuestras propias pistolas. En materia de gobierno, los funcionarios deben aprender que mucho ayuda el que poco estorba.

¿Cuál inseguridad?
Por: Lisardo Bolaños Fletes.   

En Guatemala no hay problema de inseguridad.  La percepción que existe de inseguridad es una invención del jefe de campaña de un partido opositor.  Además, dicha campaña tuvo éxito, pues coincidió con que dicho tema es excelente para vender más periódicos y lograr que más guatemaltecos vean la televisión nacional. Querido conciudadano, no se deje convencer.  Guatemala está cambiando.  Anuncio traído a ustedes gracias al Gobierno de Guatemala. 

Sólo eso falta, ¿no le parece?  Un anuncio donde el Gobierno nos quiera convencer que no hay problema de violencia o, peor aún, un anuncio donde se nos quiera convencer que las acciones que actualmente está realizando van en camino a reducir de forma dramática la violencia en el país.   

Quizás lo que nos está ocurriendo a los ciudadanos de este país es que no sólo estamos hartos de la violencia.  Además, estamos hartos de “la percepción” de incapacidad o indiferencia del Gobierno para reducir el dolor que está trayendo la delincuencia.  ¿Por qué hablo de dicha percepción?  Porque hablando con guatemaltecos de distinta procedencia, me he encontrado con una frustración sobre la gran capacidad del Gobierno para desenfocarse de las tareas que la población le está pidiendo:

  • El Gobierno aparenta estar más preocupado por cómo lograr la aprobación de una nueva reforma fiscal, que en las leyes en materia de seguridad.  Así que no sólo inseguro; además, con menos dinero.  Además, las cargas tributarias de El Salvador y de Honduras son mayores a las de Guatemala y no por ello han logrado resolver de mejor forma el problema.
  • La gente no duda que Colom y sus Ministros están perdiendo el tiempo organizando y participando en los actos para conmemorar a los mártires de la izquierda, muertos en el conflicto armado interno.  Dependiendo con quién hablo, algunos se lamentan de que se olvide a los mártires de la derecha; otros de que se olvide de las víctimas de la violencia actual.
  • El argumento anterior (de pérdida de tiempo y recursos), también aplica en el viajecito para “tratar” de condecorar a Fidel Castro con la Orden del Quetzal.  Ni en ese, parece que el Gobierno logra sus objetivos.
  • El enfoque del Gobierno es en “luchar contra la pobreza”, vía el Programa de Cohesión Social.  La crítica a este programa va en la siguiente línea:  se habla tanto de este programa, porque es más fácil regalar dinero a los pobres (para conseguir votos), que reducir la violencia.  Además, la pobreza rural no es el problema de los actos de violencia que estamos viviendo en el país.

Escenario complicado tiene el Gobierno, cuando tiene que luchar contra la violencia en el país, y además, tiene que luchar contra la percepción de la población.  Para ello, no se necesitan sólo campañas publicitarias.  También se necesitan acciones congruentes y dejar de perder el tiempo.

Free Trade is the Best Policy
Colaboración: Atlas Economic Research Foundation.  

The specter of protectionism is rising.  It is always a dangerous and foolish policy, but it is especially dangerous at a time of economic crisis, when it threatens to damage the world economy.  Protectionism's peculiar premise is that national prosperity is increased when government grants monopoly power to domestic producers.  As centuries of economic reasoning, historical experience, and empirical studies have repeatedly shown, that premise is dead wrong.  Protectionism creates poverty, not prosperity. Protectionism doesn't even "protect" domestic jobs or industries; it destroys them, by harming export industries and industries that rely on imports to make their goods.  Raising the local prices of steel by "protecting" local steel companies just raises the cost of producing cars and the many other goods made with steel.  Protectionism is a fool's game.

But the fact that protectionism destroys wealth is not its worst consequence.  Protectionism destroys peace.  That is justification enough for all people of good will, all friends of civilization, to speak out loudly and forcefully against economic nationalism, an ideology of conflict, based on ignorance and carried into practice by protectionism.

Two hundred and fifty years ago, Montesquieu observed that "Peace is the natural effect of trade. Two nations who differ with each other become reciprocally dependent; for if one has an interest in buying, the other has an interest in selling; and thus their union is founded on their mutual necessities."

Trade's most valuable product is peace.  Trade promotes peace, in part, by uniting different peoples in a common culture of commerce - a daily process of learning others' languages, social norms, laws, expectations, wants, and talents.

Trade promotes peace by encouraging people to build bonds of mutually beneficial cooperation.  Just as trade unites the economic interests of Paris and Lyon, of Boston and Seattle, of Calcutta and Mumbai, trade also unites the economic interests of Paris and Portland, of Boston and Berlin, of Calcutta and Copenhagen - of the peoples of all nations who trade with other.

A great deal of rigorous empirical research supports the proposition that trade promotes peace.

Perhaps the most tragic example of what happens when that insight is ignored is World War II.

International trade collapsed by 70 percent between 1929 and 1932, in no small part because of America's 1930 Smoot-Hawley tariff and the retaliatory tariffs of other nations.  Economist Martin Wolf notes that "this collapse in trade was a huge spur to the search for autarky and Lebensraum, most of all for Germany and Japan."

The most ghastly and deadly wars in human history soon followed.
By reducing war, trade saves lives.

Trade saves lives also by increasing prosperity and extending it to more and more people.  The evidence that freer trade promotes prosperity is simply overwhelming. Prosperity enables ordinary men and women to lead longer and healthier lives.

And with longer, healthier lives lived more peacefully, people integrated into the global economy have more time to enjoy the vast array of cultural experiences brought to them by free trade.  Culture is enriched by contributions from around the world, made possible by free trade in goods and in ideas. 

Without a doubt, free trade increases material prosperity.  But its greatest gift is not easily measured with money. That greatest gift is lives that are freer, fuller, and far less likely to be scalded or destroyed by the atrocities of war.

Accordingly, we the undersigned join together in a plea to the governments of all nations to resist the calls of the short-sighted and the greedy to raise higher the barriers to trade.  In addition, we call on them to tear down current protectionist barriers to free trade. To each government, we say: let your citizens enjoy not only the fruits of your own fields, factories, and genius, but also those of the entire globe.  The rewards will be greater prosperity, richer lives, and enjoyment of the blessings of peace.

The Atlas Economic Research Foundation and the International Policy Network invite you to add your name to this petition which will be unveiled to media on April 1st, the eve of the G-20 summit, at an event in Mayfair.

Already many hundreds of prominent economists have added their names.  Join them in opposing protectionism.

Please visit www.atlasnetwork.org/tradepetition to add your support.

Impuestos y recesión
Por: José Raúl González Merlo.  


Lo anunciado comienza a ocurrir: la desaceleración económica está afectando la recaudación de impuestos. Frente a esta situación, el gobierno insiste en terminar de estrangular a la gallina de los huevos de oro. Lejos de reconsiderar sus intenciones expansionistas, nuestras autoridades neciamente insisten en impulsar en el Congreso el paquete más importante de aumento de impuestos.

 

El último año de un incremento significativo en la recaudación de impuestos fue 2007 cuando la SAT recaudó un diez y siete por ciento más que el año anterior gracias a una tasa de crecimiento económico de casi seis por ciento. Sin embargo, ese sería el último buen año. La desaceleración económica en los EUA comenzaba a afectarnos y el 2008 concluyó con un crecimiento en la recaudación de menos de cinco por ciento y un crecimiento económico debajo de lo esperado. No obstante un panorama económico que se complicaba cada vez más, el gobierno inició su primer período anunciando una nueva reforma tributaria que, evidentemente, tendría como propósito aumentar las tasas efectivas de recaudación.

 

¿Aumentar impuestos en medio de una desaceleración? Nunca es un buen momento para subir impuestos – argumentaba el gobierno. Lo cual es cierto. Sin embargo, la evidente desaceleración y los llamados a la prudencia no pudieron contra la necedad de los gobernantes. Ahora, en medio de la crisis financiera internacional, ya no era un tema de querer gastar más. La excusa se volvió, convenientemente, que se requería de un paquete al estilo Obama. Es decir, un paquete de “estímulo económico” que tuviera un efecto “anticíclico” frente a esta inminente recesión.

 

No hay peor ciego que el que no quiere ver. La evidencia de una recesión está frente a nuestros ojos. La prensa ha dado amplia cobertura a las pérdidas de empleo producto de una importante caída en la actividad económica, las exportaciones y las remesas familiares. No extraña, entonces, que la recaudación tributaria haya caído un tres por ciento en los primeros dos meses del año. ¿La reacción del gobierno? Iniciar una campaña de propaganda (despilfarrando los escasos fondos públicos) para impulsar más fuertemente uno de los incrementos de impuestos más grandes de nuestra historia.

 

Alguien en las altas esferas de gobierno no quiere entender que terminar de estrangular la actividad económica con más impuestos no aumentará la recaudación. Esa necia ceguera ideológica debe ser detenida por el Congreso. Más impuestos no estimulan sino que deprimen la economía. Y si esa medida se toma en medio de una recesión, los guatemaltecos más pobres pagarán la irresponsabilidad de nuestros gobernantes. El paquete completo debe ser tirado a la basura. El gobierno debe entender que ellos, también, se deben apretar el cincho.


Libres de Humo (y II)
Por: Hugo Maul Rivas.  

Detrás de la aprobación de la ley que prohíbe fumar en espacios públicos cerrados se esconden cuestiones tan, o más importantes, como el derecho de los fumadores a un espacio libre de humo. Mi interés en este tema se reduce a tratar de promover un sano escepticismo acerca de los alcances y legitimidad de acciones legislativas de este tipo. Mi formación de economista me hace creer que este tipo de medidas siempre conllevan costos escondidos en los cuales nadie repara, además siempre doy preferencia a soluciones que favorecen la negociación prevalece sobre las órdenes, mandatos y prohibiciones. Finalmente, está probado que la benevolencia de los legisladores siempre tiene consecuencias no intencionadas que nadie puede prever.

En cuanto a costos escondidos, ante la incapacidad del Estado para hacer cumplir esta normativa, se obliga a los dueños de los locales comerciales a convertirse en “policías anti-humo”. Resulta ilusorio pensar que el costo de estas acciones y del valor esperado de las multas y/o pérdidas que se experimenten por la vigencia de la ley, no las vamos a pagar los no fumadores. En cuanto a las prohibiciones generalizadas, aunque acepto que no hay manera sencilla de resolver el problema del “humo de segunda mano”, no me parece que el camino que toma la ley sea el único y el mejor. La disciplina económica maneja una serie de mecanismos destinados a reducir los niveles de contaminación, desde la aplicación del famoso principio de que “el que contamina paga” hasta la negociación del nivel de contaminación que cada quien desea aceptar. En este caso la negociación privada podría ser muy complicada. Sin embargo, en ciertos contextos específicos dicha negociación podría ser posible. Por ejemplo, mediante la provisión comercial de “espacios públicos” dedicados completamente a los fumadores. La ley prohíbe este tipo de soluciones e impone multas a quienes se ofrezcan este tipo de servicios. El principio de que “el que contamina paga” ya está en vigencia, de cierta manera podría argumentarse que los fumadores ya están “pagando” por los efectos secundarios de su humo. Que el resto de la población no veamos ni siquiera el “humo” de esos impuestos es otro asunto.

Aunque nunca he fumado, ni pienso hacerlo y podría, incluso, considerarme un “enemigo del cigarrillo”, me resisto a celebrar la aprobación de esta ley. Siempre he creído que problemas tan complicados como estos requieren más que una simple ley. Hoy es el cigarro. Mañana podría ser el consumo de licor en lugares públicos. ¿Acaso no muere gente inocente por pilotos que manejan en estado de ebriedad? Pasado mañana, quién sabe.

Promesas políticas y realidades
Por: José Raúl González Merlo.  

Es impresionante ver cómo la cultura del engaño y la mentira prevalecen en el mundo de la política. Desde Washington hasta Guatemala, los funcionarios públicos se esmeran en presentar un panorama favorable a sus intereses político personales pero imposible de cumplir. Alfonso Portillo lo describió claramente cuando dijo que eran “vendedores de sueños”. Lo malo es que los sueños se convierten en pesadillas.

 

Recientemente el Presidente Obama anunció en EUA su plan de “estímulo económico” y posteriormente el presupuesto fiscal 2009-2010. Increíblemente, al mismo tiempo que Obama criticaba a los “excesos del pasado” como los culpables de la crisis actual, presentaba planes para gastar 3.6 trillones de dólares. Sorprendente también, así como se auto calificaba “fiscalmente responsable” y preocupado por heredar deudas “razonables” a las futuras generaciones, proyectaba déficits fiscales de “solo” quinientos millardos de dólares anuales y llevar la deuda federal de 70% a 85% del PIB estadounidense.  Vaya preocupación!!

 

En nuestra querida chapinlandia, la revivida propaganda oficial, pretende vendernos los “beneficios” del paquete de incremento de impuestos y terrorismo fiscal que se “discute” en el Congreso. El locutor promete eliminar la corrupción, crear desarrollo económico y otros grandes beneficios para la población. Es lo mismo que todos los incrementos de impuestos anteriores también nos prometieron. ¿Quiere decir que lo que no pudieron hacer con cuarenta mil millones de quetzales de gasto público en el 2008 ni con cincuenta mil millones en el 2009 sí lo podrán hacer con otra astronómica cifra en el 2010? Cinismo y promesas. Guatemaltecos y estadounidenses enfrentamos el mismo problema: un gobierno cada vez más grande y cada vez peor enmarcado en la absurda teoría de la redistribución de la riqueza. Redistribución si, pero entre lo que están políticamente conectados.

 

Acá el llamado “listado geográfico de obras” es la herramienta favorita para que el Ejecutivo compre el voto de diputados. En los EUA esa herramienta se denomina “earmarks”. Allá, el Presidente Obama (en campaña) prometió eliminarlos. Sin embargo, se prepara a firmar un presupuesto que contiene cerca de ocho mil quinientos proyectos que diputados demócratas y republicanos se han recetado para su beneficio político personal. De vuelta en Guatemala esa vergonzosa dispensa de privilegios facilitó la eliminación de los “candados” del presupuesto. Gracias a ello, el gobierno obtuvo del Congreso una chequera en blanco para gastar sin control a sus anchas.

 

Moraleja: no importa dónde viva no sea ingenuo. Como no puede evitar que le mientan; al menos quíteles a los políticos la capacidad de gastar sin límites. Si no lo hace, después no se queje cuando abusen de ese poder.



Libres de Humo
Por: Hugo Maul Rivas.  

Por cientos de años la solución más económica y sencilla para evitar el humo del cigarrillo fue evitar lugares y situaciones en los que había gente fumando. Dependiendo de la aversión al humo del cigarrillo, de los beneficios derivados de estar junto a fumadores y de la posibilidad de negociar individualmente la cantidad de humo y dirección de los exhalaciones, cada quien negociaba de manera individual la cantidad de humo que se estaba dispuesto a tolerar. De esa cuenta surgieron cierto tipo de negocios más “amigables” al humo que otros. Los no fumadores que asistían a ese tipo de negocios, lugares como bares, discotecas, clubes nocturnos, tiendas especializadas en la venta de tabaco, etcétera, sabía bien a lo que se exponían y no podían pretender no sufrir los efectos del humo. Los derechos sobre el supuesto “espacio público” se negociaban momento a momento entre fumadores y no fumadores. Cada quien, de acuerdo a su disponibilidad a sacrificarse, decidía cuanto humo tolerar.

 

La disposición legal de otorgar los “derechos” sobre el espacio público a los no fumadores, en el sentido de garantizar un ambiente libre de humo, es, finalmente, una decisión arbitraria de la autoridad legislativa. Aunque uno de los principales problemas del “espacio público” consiste en la imposibilidad de otorgar derechos individuales sobre la explotación del mismo, es factible identificar situaciones concretas en las cuales la negociación entre iguales podría alcanzar soluciones superiores a las de la ley. Aseveración que no debe interpretarse como una defensa de los derechos de los fumadores de contaminar el espacio público. Aunque cada quien tiene el soberano derecho a fumar lo que se le venga en gana, nadie tiene el derecho de molestar con su humo a “observadores inocentes”, salvo que exista una compensación por los daños causados o una negociación explícita en donde obtenga el permiso a contaminar al otro. Los fumadores tienen el derecho de hacer lo que quieran con su humo siempre y cuando absorban la totalidad de los costos derivados de sus acciones. Quién sabe si para lograr dicho resultado hacía falta una ley como la que hoy tenemos. En todo caso, si lo que preocupa es la contaminación por humo, existen otros tipos de humos que son tanto o más contaminantes, que se encuentran por doquier y respecto de los cuales no se hace nada. Habrá que ver si este tipo de contaminación llama la atención a nuestros legisladores. 

los resultados de la gratuidad
Por: Verónica Spross de Rivera. 

La política de gratuidad se comenzó a implementar en el actual ciclo escolar con algunos efectos positivos y otros negativos.  Es importante reflexionar sobre esta política con el fin de que las buenas intenciones no sean opacadas por los resultados no deseados que se observan.   Según han señalado las autoridades educativas, las motivaciones que les llevaron a promover la política de gratuidad incluyen el cumplimiento de la Constitución Política de la República, que establece dicho principio para la educación pública.   Consideran que ésta no se cumplía debido a que en las escuelas se había establecido la costumbre de cobrar a los padres de familia una cuota anual de inscripción, que oscilaba entre los 40 quetzales hasta los 300 en algunos establecimientos educativos de nivel medio.   

Dichos aportes servían para financiar algunos servicios como las clases de computación o de inglés, la contratación de una persona para hacer la limpieza, el servicio de guardianía o seguridad, el mantenimiento de la infraestructura, ornato, pintura, así como también el pago de la electricidad, el agua, el teléfono o el servicio de Internet.  El Ministerio de Educación se comprometió, por su parte, a trasladar un monto por alumno a los establecimientos con el fin de cubrir algunas de estas necesidades.  Cada escuela tiene sus propios programas y particularidades, por lo que seguramente no serán cubiertas las necesidades en su totalidad.  El monto que se ha presupuestado para ser trasladado a las escuelas es cercano a los 40 quetzales por alumno, con base en la inscripción de años anteriores. 

Con el fin de aumentar la inscripción y por tanto la cobertura educativa se estableció la prohibición de realizar ningún cobro por concepto de inscripción.  Dicha medida parece estar contribuyendo al aumento de la matrícula en la mayoría de los establecimientos de preprimaria, primaria y secundaria.  Tampoco pueden las escuelas vender uniformes ni libros de texto.  Esto se hizo para evitar que se hagan negocios particulares en desmedro de la economía de las familias, muchas de las cuales son de escasos recursos. 

A pesar de los posibles beneficios, es de resaltar que la política de gratuidad no está siendo bien aplicada, sino que reina la confusión.  Las autoridades educativas han indicado que  los padres de familia, que de manera voluntaria desean contribuir con ciertos servicios que brindan las escuelas, como el de computación, o con el mantenimiento de la infraestructura escolar, pueden continuar haciéndolo.  Eso no está prohibido, si es una acción voluntaria.  Tampoco se ha prohibido la compra de útiles escolares ni libros de texto.  Los padres de familia no pueden eximirse de la responsabilidad de que sus hijos cuenten con los insumos necesarios para poder aprovechar los estudios.  De lo contrario, se dificultará aún más la labor de los docentes, si no se cuenta con los libros ni materiales requeridos. 

Otro tema que deberá abordarse conjuntamente con el de la gratuidad es el de las instituciones privadas, como las escuelas de Fé y Alegría, que no deben ser incluidas dentro de la política de gratuidad, ya que éstas, son privadas. Esta institución que cuenta con 47 centros educativos recibe financiamiento del Gobierno, pero también cuenta con donaciones del exterior y se apoya en las cuotas que aportan los padres de familia que decidieron inscribir a sus hijos en estas escuelas.  Debe resaltarse  inscribieron allí a sus hijos de forma voluntaria, conscientes de que debían contribuir con una cuota mensual mínima y colaborar en el programa.   

Debe reconsiderarse la aplicación de la política de gratuidad  para evitar los efectos perversos que puede generar sobre la calidad educativa, si se ignora que cada escuela tiene su propio contexto, particularidades y necesidades.

El nuevo consenso de Washington
Por: José Raúl González Merlo.  

El nuevo mensaje desde la capital estadounidense ha cambiado. El tono es ahora “los déficits no importan” y “subir impuestos no perjudica el crecimiento económico”. La izquierda latinoamericana, que tanto renegó con el antiguo “consenso de Washington” debe regocijarse.  La pregunta es ¿podemos darnos el lujo de tomar esta vieja receta?

 

Se les conoce como el “consenso de Washington”. Son una serie de recomendaciones económicas que tradicionalmente se aplicaban vía el Fondo Monetario Internacional. Incluía cosas como la privatización de las empresas estatales, la no intervención del gobierno en el tipo de cambio y la tasa de interés así como políticas fiscales y monetarias prudentes. La izquierda latinoamericana las ve como el enemigo a vencer y las culpan ahora de todos los males latinoamericanos.

 

No obstante lo anterior, luego de más de una década de su aplicación se da la paradoja de encontrar titulares de prensa que resaltan “América Latina está mejor preparada para la crisis financiera internacional”. ¿Por qué? Porque el “consenso de Washington” terminó generando mejores indicadores económicos (déficit fiscal, inflación, deuda externa) y sociales (pobreza extrema, mortandad infantil, desempleo, analfabetismo y esperanza de vida al nacer). A la vuelta de los años resulta que los países que siguieron “la receta” evitaron padecer la crisis que ahora padece el mismo EUA por no haber tomado de su propia medicina.

 

Es ahora el gobierno estadounidense quien se ha comportado como cualquier otro país tercermundista dedicándose a la indisciplina fiscal y monetaria, a intervenir la tasa de interés y, ahora, a la nacionalización de los bancos privados. El “nuevo consenso de Washington” nos dice que los déficits fiscales no importan; al contrario, que son fuente de prosperidad. Y nos dice también que subir los impuestos tampoco importa.

 

Le guste o no a la izquierda, el “consenso de Washington” (el original) logró corregir muchos de los vicios económicos de las naciones latinoamericanas. Por ello es que esta crisis nos agarra mejor preparados que antes. Imagínense que nos hubiera agarrado con grandes déficits fiscales o con hiperinflaciones o con empresas estatales drenando escasos recursos. Claro, cada país se encuentra en una situación distinta, pero, en general, la cosa está mejor desde las últimas crisis latinoamericanas (la mexicana del 94, la brasileña del 99 y la argentina del 2001).

 

Para América Latina, el “nuevo consenso de Washington” implica retroceder sobre lo ya logrado. Los ciudadanos debemos recordar de dónde venimos para no cometer los mismos errores. Perder la poca disciplina fiscal y regresar a los tiempos de la deuda externa y la inflación sería un desastre para los ciudadanos, especialmente para los más pobres.

El “Inusual” Tipo de Cambio

Por Hugo Maul R.  


El tipo de cambio no es una variable con la que se pueda estar jugando. Cotizaciones severamente desalineadas respecto de los valores de largo plazo pueden tener efectos económicos muy negativos. Dado el papel que juega el tipo de cambio en la forma en que la economía se ajusta ante perturbaciones de origen interno y externo no puede pretenderse que el tipo de cambio se mantenga inalterado por siempre. Las variaciones observadas recientemente en esta variable son parte de un ajuste que, a mediano y largo plazo, que parece ser inevitable y que se veía venir desde hace mucho tiempo. Con esta aseveración no se está tratando de hacer un pronóstico respecto del comportamiento de dicha variable en el futuro cercano, sino simplemente se intenta reconocer el hecho que vivimos bajo un sistema de tipos de cambio flotantes y que las circunstancias han cambiado. 

El comportamiento alcista registrado durante las últimas semanas provocó que la Junta Monetaria autorizara al BANGUAT a intervenir en el mercado cambiario ante fluctuaciones “inusuales”. Algo que pareciera no conllevar mayores riesgos y ser técnicamente factible. Sin embargo, el problema reside en determinar en qué consiste lo “inusual” y cuál debería ser la magnitud de la intervención. Dado que parece poco probable que la economía pueda seguir operando con los niveles de tipo de cambio observados en los años recién pasados, pretender revertir una tendencia de largo plazo sería un grave error. Sin conocer a ciencia cierta los criterios que permiten distinguir lo “usual” de lo “inusual”, resulta muy difícil pronosticar la forma en que reaccionará el banco central ante lo que está sucediendo en el mercado cambiario. Situación que lejos de reducir la incertidumbre reinante podría estar operando en la dirección contraria. 

Distinguir entre fluctuaciones de corto plazo consistentes con la tendencia de largo plazo y fluctuaciones que obedecen a otras razones no es nada sencillo. Lo cual puede resultar en costosas y poco efectivas intervenciones en el mercado cambiario. Aunque se comprende que el banco central tenga cierto grado de discrecionalidad en esta materia, sería importante también que existieran mecanismos que permitan deducir responsabilidades ante malas decisiones en el ejercicio de dicha discrecionalidad. Además, dado el tinte corporativista en la integración de la Junta Monetaria, sería importante también garantizar que ningún sector saldrá particularmente favorecida con el ejercicio de dicha o con el manejo de información privilegiada alrededor de tales intervenciones.