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Privados de iniciativa
Por Jóse Raúl Gonzales
 
Dejaron la cancha abierta y los golearon (como era de esperarse).
 
El gobierno salió airoso. El Ministro de Finanzas jugó bien sus cartas y obtuvo lo que quería: el presupuesto y el ISO. Mientras, la llamada iniciativa privada se muestra privada de iniciativa. No obstante lo anterior, faltan varias partidas. Hay temas de la mal llamada "modernización fiscal" que están pendientes. Habrá que ver cómo se jugarán las cartas en esta segunda fase.
 
No hay nada como tomar propiedad de un proyecto para lograr sacarlo adelante. Eso fue lo que hizo el gobierno con el aumento de impuestos y con el presupuesto. Para lograrlo, entró a la "negociación" con una propuesta de tasas altas (ISO e impuestos a vehículos) y una reforma al código tributario que le da a la SAT amplias facultades de terrorismo fiscal. Presto a negociar las primeras, el gobierno logró las tasas que, de todas maneras quería, mientras que el código tributario amenaza pasar, cual caballo de Troya, frente a nuestras narices, tal y como el gobierno lo quiere junto con la reforma total del ISR.
 
Asustaron con el petate del muerto pretendiendo un presupuesto inflado de cincuenta y cuatro mil millones de quetzales (que por cierto nunca presentaron al Congreso) para que el de casi cincuenta mil millones pareciera pequeño en comparación. Y así, se salieron con la suya luego que se repitió un proceso que demuestra cómo está de institucionalizada la corrupción en el Congreso. Entre el listado geográfico de obras y diversas ONG's, hubo suficiente dinero para comprar las voluntades que fueran necesarias. Con razón el Presidente Colom siempre se mostró seguro que tenía los votos necesarios. Si hasta se aprobó de "urgencia nacional". Urgencia la que tenían los diputados de recibir sus "pistíos". Solamente el Partido Patriota se opuso…
 
Lo cual quiere decir que la millonaria campaña de propaganda fue un desperdicio de fondos. Como también lo fue el campo pagado del sector privado "organizado" que solamente demostró la penosa situación por la que atraviesa ese sector. Incapaces de articular alguna o cualquier propuesta técnica, siempre jugaron a la defensiva y se dejaron golear por el gobierno. Su poca capacidad es magnificada con la alta capacidad de corromper diputados que tiene el Organismo Ejecutivo.
 
Y así, pasaron las leyes en el marco de una penosa manifestación que dejó claro que al gobierno, de repente, le aparecen los fondos cuando hay un claro objetivo político que cumplir. Y misteriosamente éstos desaparecen cuando hay resultados que dar en materia de seguridad ciudadana, por ejemplo. Con un panorama como éste, el gobierno debe sentirse optimista de las posibilidades de un segundo éxito en lo que hace falta de la "modernización tributaria" y al rato, en un segundo gobierno de la UNE. Ya tienen los fondos para arrancar la campaña en el 2009.
 
heconomicus@hotmail.com


Presupuesto: Eterna Batalla

Por Hugo Maul R.
 “Los opositores y críticos no entienden estos resultados porque ellos nunca van a necesitar un hospital gratuito ni  una escuela gratuita, pero nosotros sí entendemos a la inmensa mayoría de Guatemala” (http://www.guatemala.gob.gt/playvid.php?cod=87).  “Todos aquellos que están en contra de los programas de Cohesión Social, es porque…nunca han tenido hambre y porque nunca han estado entre la pobreza”. (http://www.guatemala.gob.gt/discurso.php?codigo=1500&tipo=3).  No hace falta leer entre líneas para darse cuenta de las intenciones del discurso oficial. A todas luces se ve que el partido oficial pretende que la oposición a sus acciones sea vista como una oposición al bienestar general. De manera que quien se oponga a ellos, se opone al pueblo de Guatemala. Algo así como “el que no está conmigo, está contra mí”, tal y como reza el Evangelio según San Mateo. Nada más alejado de la realidad.

Esta tipo de actitud se hizo evidente la semana pasada con la aprobación del Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado para el 2009. Algunos funcionarios y diputados se empeñaron en hacer ver a los opositores del presupuesto como opositores del pueblo, olvidándose que además de las consideraciones políticas también había consideraciones técnicas en torno al presupuesto. Criterios como la transparencia, priorización, focalización, efectividad, eficiencia, pertinencia, productividad, medición de resultados, etcétera, no tienen tinte político e ideológico alguno, simplemente responden a la necesidad de gastar bien y honradamente. Cuestión que queda clara cuando se considera que en posiciones políticas y filosóficas distintas, como las de Nineth Montenegro y el CIEN, por ejemplo, compartieron el mismo tipo de críticas contra el presupuesto. Coincidencia que más que probar un confabulación generalizada en contra del gobierno, lo que muchos oficialistas quisieran creer, prueba la existencia de un consenso generalizado de lo que significa gastar “bien”. Consenso que en buena parte no fue tomado en cuenta debidamente en el proceso de aprobación de este presupuesto. Gastar “bien” no tiene dueño; los colores y los nombres de los partidos políticos salen sobrando. Afortunadamente, estar en contra del partido de turno nunca ha implicado estar en contra del pueblo de Guatemala; a largo plazo se hace más bien velando por calidad y honradez del gasto que repartiendo dádivas.


Sin defensa alguna.
Por José Raúl Gonzales.

 
Y lo peor es que los diputados quieran desarmar a la ciudadanía honrada…
 
En el Congreso se "debaten" las modificaciones a la Ley de Armas y Municiones. El objetivo principal de las ONG's (Organizaciones No representativas de los Guatemaltecos) es impedir y bloquear la posibilidad que los ciudadanos honrados tengan un arma para defenderse de la criminalidad. Sin policía y sin instituciones públicas, muchos han optado por ser ellos mismos la última barrera de defensa. Impedirlo es un acto criminal.
 
No es necesario repetir acá la situación de inseguridad que vivimos. El gobierno está más ocupado en "redistribuir la riqueza" que en cumplir su función más básica: proteger a los ciudadanos. Es por ello que, personas de todas las clases sociales, han tenido que hacer el sacrificio económico de adquirir un arma y cumplir con los requisitos legales para ejercer su legítimo derecho constitucional. Otros han decidido no hacerlo y se respeta su decisión. Sin embargo, cada vez más personas, ante la oleada criminal, saben que están totalmente desprotegidos y han tomado la medida desesperada de protegerse a sí mismos y a sus familias.
 
No nos engañemos. Limitar el derecho de portación y tenencia de armas solamente beneficia a los criminales quienes, por definición, siempre actuarán al margen de la ley. El sistema actual funciona para beneficio de la ciudadanía honrada. Ahora se quiere destruir todo eso. Se pretenden introducir criterios subjetivos y trabas que tienen como fin último negar el derecho constitucional. La tesis viene disfrazada con buenas intenciones. Pero de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. Camino al que nos llevan un minúsculo grupo de equivocados a quienes simplemente no les gustan las armas.
 
La evidencia es clara: los crímenes son cometidos por delincuentes que, obviamente, no portan licencia. Y los pocos que han sido cometidos por quienes tienen licencia pueden ser fácilmente identificables. Es la impunidad en la que vivimos el principal motivo de que los criminales unos cometan delitos. Resuelvan eso y la gente dejará de armarse.
 
Guatemala no es Bélgica, Holanda o Finlandia. Acá todos salimos de nuestro hogar con el miedo de ser víctimas de los criminales que se pasean, sin miedo alguno, a vista y paciencia de nuestras autoridades. Mientras tantos un grupo de ingenuos "pacifistas" creen que desarmando a los ciudadanos trabajadores se reducirá el crimen. ¡Vaya que hay que ser ingenuo para creerlo!
 
Los diputados tienen en sus manos la capacidad para hacer, por fin, algo en beneficio del pueblo. Limitar o impedir el ejercicio de la legítima defensa es una traición mayor de la que ya están cometiendo nuestras autoridades al permitir los niveles de criminalidad actuales. Tan grave está la cosa que hasta el Procurador de los Derechos Humanos, ¡por fin!, hizo algo atinado: demandarle al gobierno resultados en materia de seguridad. Es hora de demandar de nuestros diputados lo mismo. La gente debe tener el derecho de protegerse sin cortapisas.
 
heconomicus@hotmail.com



G20: ¿Políticos al Rescate?
Por Hugo Maul R.

Aunque en estos momentos resulte muy difícil argumentar a favor de menor regulación estatal, sobre todo en el ámbito financiero, tampoco puede aceptarse que esta sea la única salida a los problemas que vivimos. Lo cual parecería ser la tesis dominante detrás de la reunión del grupo G20 en la reunión que sostienen para discutir el futuro del sistema financiero mundial. Aunque al momento de escribir esta columna no se saben las conclusiones de dicha reunión, no extrañaría que muchos terminen respaldando posiciones como las que Nicholas Sarkozy acerca de que “la auto-regulación como método para resolver todos los problemas está terminada” o bien que “el todo poderoso mercado que siempre está en lo correcto está terminado”. Ante tal posición no puede uno más que preguntarse quiénes son los que estarán reunidos en Washington tomando decisiones por el resto de la humanidad. Políticos al final de cuentas. Todos ellos, seguramente, personas honradas y con buenas intenciones, pero, al final del día, humanos como todos los demás. Con una pequeña diferencia, toman decisiones en nombre de miles de millones de personas, algunos que ni siquiera estamos representados en tales foros, y no necesariamente se responsabilizan de las decisiones que toman.

La posición que adopta Sarkozy resulta muy oportuna, sobre todo cuando no se tiene claro que mucho de la crisis que hoy nos afecta tiene sus orígenes en decisiones de políticas y débiles sistemas de rendición de cuentas y control del uso del poder. Al menos esa es una de las lecciones que se desprenden del manejo de la política fiscal y monetaria en algunos de los países más desarrollados. Si se va a aceptar la tesis que la auto-regulación está terminada, también debería aceptarse la tesis que el uso discrecional del poder para manejar la política fiscal y monetaria también está terminado. Si se pretende limitar el ámbito de las decisiones individuales mediante regulación estatal, también habría que pensar en limitar el poder de decisión de los políticos y tecnócratas que toman decisiones que ponen en riesgo el destino de millones personas. Si se va aceptar la posición de que el “todopoderoso mercado” está terminado, también habría que aceptar que no existe algo como  la “todopoderosa regulación que siempre está en lo correcto”. La preocupación de los políticos más poderosos del mundo no garantiza nada; mucho de la crisis actual se origina en decisiones que ellos mismos tomaron y en sus fallidas políticas para estimular artificialmente el sistema económico.


Preocupaciones presupuestarias
Por:  Lisardo Bolaños Fletes.  


Los problemas económicos internacionales y nacionales hacen que las decisiones del Gobierno se vuelvan especialmente relevantes.  Por ello, la evaluación del Presupuesto del Estado en la coyuntura actual resulta un deber ciudadano.  En ese sentido, quiero aportar algunos elementos para su discusión.

Creo conveniente empezar reconociendo que el Proyecto de Presupuesto se elaboró sin tener en cuenta la profundidad de la crisis actual y futura.  Por lo tanto, si el Gobierno realmente va a reaccionar para que el aparato productivo y los sectores vulnerables no se asfixien, debiéramos estar viendo al Presidente liderando reuniones con miembros del Congreso de la República para explicarles los cambios que se deben generar en los programas para afrontar la crisis.  Pero eso no ha estado ocurriendo y eso es preocupante, porque esto  parece indicar que el próximo año veremos mucha improvisación.

Dejando a un lado la coyuntura de la crisis económica, considero que  el Proyecto de Presupuesto muestra debilidades relevantes. 

Primero, la incongruencia entre el discurso oficial de austeridad y de gasto para los más vulnerables, ante los incrementos en gastos superfluos.  Tan sólo para la Presidencia de la República se propone incrementar su gasto en comida en: 85% (Q.6 millones); y, en compra de autos en 307% (Q.3 millones). 

Segundo, su falta de compromiso con el Pacto Fiscal y con criterios técnicos. Contando con importantes defensores del Pacto, a nivel de Ministros y Viceministros,  uno creería que cumplirían con el límite establecido de 1% del PIB para el déficit fiscal.  Sin embargo, el verdadero déficit que propusieron es superior al 2%, porque: a) se asumió un crecimiento de la economía que es irreal; y, b) se dio por sentado que el “paquetazo fiscal” (incluyendo las reformas engavetadas), pasarían fácilmente.

Tercero, el Presupuesto retrocedió en materia de transparencia y calidad.  Hoy no sabemos las metas de los programas del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación, a pesar de que le estaríamos asignando más de Q.1,200 millones.  Hace dos años, era fácil conocer dichas metas.

Por último: es indispensable que sigamos exigiendo un mejor gasto público.  En un estudio reciente del CIEN se encontró que es posible mejorar programas como la alimentación escolar y la entrega de libros de texto y útiles escolares.  Para ello se requiere: i) dar información a los ciudadanos para que fiscalicen; y, ii) implementar con seriedad sistemas de control, capacitación y auditoría social.  Esto requiere voluntad política y de capacidad administrativa.  Esperemos que este Gobierno muestre ambas.
Política Social y Empleo.
Por Hugo Maul R.

Pueden instituirse decenas o cientos de programas públicos para atacar la desnutrición infantil, mejorar la educación de los niños, dotar de mejor infraestructura básica a las poblaciones, etcétera, que mientras no se generen suficientes puestos de trabajo bien remunerados no hay esfuerzo público que sea suficiente. En ausencia de la creación de empleo resulta iluso creer que el problema de la pobreza se resolverá únicamente mediante la acción del gobierno. Aún bajo el supuesto que tales acciones fueran efectivas, eficientes, transparentes, suficientes y oportunas. Las políticas públicas de combate a la pobreza necesitan ser complementadas con la generación de empleo. Afortunadamente millones de personas se procuran ya para sí mismos, y para sus familias, niveles mínimos de ingresos, a través de su participación en la economía informal y a través de micro y pequeñas empresas. Aunque no lo parezca, buena parte del reto de cómo crear nuevas oportunidades laborales pasa por potenciar la empresarialidad detrás de estos millones de personas, de manera que la misma se enmarque dentro de un contexto de respeto a las leyes existentes.

El camino más transitado en este sentido ha sido la simplifcación regulatoria y administrativa, de manera que ésta deje de ser casuística, discrecional y de escasa relevancia. Un camino menos recorrido, pero ampliamente reconocido, ha sido el de la formalización de los derechos de propiedad. Aunque ambos tipos de reforma tendrían un impacto importante sobre la productividad de estos negocios, mientras el sistema de justicia no funcione adecuadamente es muy difícil que puedan aprovecharse todas las oportunidades subyacentes. La ineficiencia del sistema de justicia es un pesado lastre que limita seriamente la profundidad de los mercados y el tamaño y sofisticación de las empresas. En ausencia de un sistema de justicia efectivo resulta muy difícil hacer que se cumplan los contratos, hacer valer los derechos de propiedad o dirimir conflictos entre privados. Situación que obliga, sobre todo, a las micro y pequeñas empresas  a establecer costosos mecanismos para resolver este tipo de problemas. Situación limita el tamaño, certeza y complejidad de las operaciones económicas que realizan este tipo de negocios. Problemas como el limitado acceso al crédito y la precariedad de los derechos de propiedad son, finalmente, el producto de un sistema de justicia ineficiente. Desde esta perspectiva, un sistema de justicia efectivo y eficiente, a largo plazo, es tan importante como el más importante de los programas sociales.


¡Keynes vive!
Por José Raúl Gonzales.

Hay treinta y tres mil millones de testigos que lo confirman.
 
Dicen que "el mercado"' ha muerto. Que el Estado debe retomar las riendas de la economía. "Ya es momento de que el keynesianismo regrese" – dicen los fans del Estado. Sin embargo, la pregunta relevante es ¿cuándo se ha ido Keynes y cuándo soltaron las riendas?
 
Lord Keynes ha sido uno de los economistas más influyentes en nuestra historia moderna. El propuso que para estimular el crecimiento económico, el Gobierno debe intervenir mediante un gasto público masivo. El problema es que el Gobierno no crea riqueza. Por ello, la fuente de crecimiento, para los "keynesianos", es el déficit fiscal. Quiere decir que lo que los ciudadanos no quieran o no puedan gastar, lo gastará el gobierno financiando ese gasto con deuda externa, imprimiendo dinero sin respaldo o ambos. La receta funciona… en el corto plazo. Pero los perjuicios de semejante fantasía pronto se hacen presentes ya sea en la forma de inflación o en una corrección (recesión) que inevitablemente viene después.
 
A los gobernantes les encanta Keynes porque, gastar sin límites, es el sueño dorado de todo político en el poder. Los beneficios de corto plazo se cosechan pronto y los perjuicios más tarde. Mejor si le toca al siguiente gobierno. No nos engañemos, Keynes nunca ha muerto; está más vivo que nunca. La receta de emisión monetaria sin respaldo, endeudamiento público y déficit fiscal para "estimular" el crecimiento económico nos ha acompañado siempre. Difícilmente podemos argumentar que "la mano invisible" ha guiado nuestras economías. Más bien la "mano peluda" de los gobernantes ha estado presente, interviniendo en todos los ámbitos de la vida económica. Esa intervención es la culpable de las "crisis económicas": las argentinas, las brasileñas, las mexicanas, las venezolanas, bolivianas, peruanas, etcétera, etcétera, etcétera. Y más recientemente: la estadounidense…
 
Estando así las cosas, nuestro gabinete económico prepara un "plan de estímulo económico". Adivine  ¿de qué se trata? De disparar deliberadamente el déficit fiscal para gastar, gastar y gastar hasta que la economía supuestamente crezca; mientras nos endeudan para tapar el hoyo del déficit. Lindo ¿no? Es lo mismo que siempre han hecho. Tan sólo desde la firma de los acuerdos de paz, los gobiernos han acumulado un déficit fiscal de más de treinta y tres mil millones de quetzales. ¿Qué parte de que Keynes está más vivo que nunca y jamás ha muerto no quedó claro?  Sólo la prohibición constitucional al Banguat de financiar ese déficit ha prevenido una inflación galopante. Sin embargo, sus hijos y nietos seguirán pagando la deuda que le han encaramado a cambio.
 
Así que tome nota de lo que hacen sus funcionarios públicos; no vaya a ser que cuando venga nuestra debacle, también le quieran echar la culpa "al mercado".
 
heconomcis@hotmail.com
 



Crisis financiera, conferencia de Hugo Maúl
La conferencia se celebró el 29 de octubre de 2008, en el auditorio de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Más información aquí.
Afrontando la crisis económica
Por: Lisardo Bolaños Fletes.  


Las crisis no son parejas.  No todos se ven afectados de la misma manera.  Algunos logran amasar grandes fortunas en estos períodos.  Otros las pierden.  Por ello, aunque los momentos son malos, y conforme pasen los días se va a empezar a sentir más fuerte, lo que sí podemos hacer es determinar cómo queremos que la crisis nos afecta.  Por ello, es necesario discutir sobre la conveniencia  o no que los consumidores  empecemos a reducir nuestro consumo de cara a la crisis actual.  ¿Qué posiciones existen en este momento?

El reciente Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, comentó en su columna del New York Times que los consumidores deberemos “apretarnos el cincho” y reducir nuestro consumo.  Sin embargo, a él le preocupa que esta acción coincidirá con un mal momento para la economía productiva, afectando aun más el desempeño económico.  Por ello, no termina impulsándola y considera que lo importante es discutir la política pública que debe implementarse.

A mi me convence más la posición el economista Tyler Cowen.  Él reconoce que la situación actual de la crisis demanda que haya un ajuste del consumo.  Para él, en lugar de buscar dilatar el ajuste, y que el mismo pueda ser aún más abrupto y doloroso, considera que es mejor que el ajuste empiece hoy de forma paulatina.  De cierta manera, esto implica que los consumidores deben reconocer que tienen que cuidarse porque en el futuro verán: tasas de interés más altas (a mi me han subido dos veces las tasas en este año); probable reducción en su ingreso (siendo empresarios, trabajadores o receptores de remesas); y precios de los productos más altos que los existentes hace tan sólo unos cuantos meses atrás.  Todo eso requiere que afrontemos la situación con cuidado y empecemos a ahorrar, para que el golpe no sea tan dañino.

De cierta manera, por ello tenemos que tener cuidado con la Navidad.  ¿Por qué?  Porque los guatemaltecos solemos contagiarnos por el espíritu de la alegría que es hacer a otros felices y la billetera es la que sufre el resto de diciembre y enero.  Es hora de pensar formas novedosas y menos costosas de mostrar cariño y aprecio.  Otro tanto se puede realizar, ahorrando en el uso del teléfono celular, las comidas rápidas, las salidas al cine, etc.

Al final, usted decide.  Mi consejo es que empiece a ahorrar.  De lo contrario, en unos meses, cuando ya sienta la presión de la crisis, se encontrará más endeudado que hoy y con la necesidad de hacer recortes de gastos más radicales y dolorosos.

¿Propaganda solidaria?
Por José Raúl Gonzales.

La propaganda oficial nunca cambiará la realidad nacional.
 
Joseph Goebbels, el infame ministro de propaganda de Adolfo Hitler estaría orgulloso de la publicidad oficial. Si pasa la "modernización fiscal" habrá seguridad, empleo y se acabará la corrupción - promete el gobierno. Dicen que a Goebbels le gustaba afirmar que: "solamente hay que repetir una mentira el suficiente número de veces para que la gente la termine creyendo…"  Ese refrán se podrá a prueba con el nuevo despilfarro de fondos en el que nos ha embarcado el gobierno con su nueva campaña proselitista a favor del incremento de impuestos. ¿Se creerá el pueblo semejante promesa?
 
¿Seguridad? ¿Corrupción? ¿Conoce a alguien que haya sido víctima de la criminalidad recientemente? ¿O ha sido usted la víctima? ¿Cree que se necesita más dinero o más inteligencia para obtener resultados? Hace dos semanas me enteré que una familia amiga fue víctima de un asalto y tortura por parte de dos radiopatrullas de la policía en la carretera a El Salvador… ¡de nuevo! ¿Cuánto más dinero sobre los cuarenta y cuatro mil millones de quetzales, que gastará este gobierno este año, se necesita para tomar control de un área que lleva más de dos años de ser un conocido lugar de asaltos por parte de las mismas ¡fuerzas de seguridad!? El gobierno dice que necesita siete mil millones más y por ello se está gastando otros tantos millones en una campaña de propaganda para convencernos.
 
La campaña parece ir bien. La Comisión de Finanzas del Congreso está a pocos votos de dar su "dictamen favorable". De ahí pasará al pleno del Congreso en donde el Ejecutivo también se siente confiado de contar con suficientes votos. Ojala que se equivoquen. Y ojala que los diputados no sólo se fijen en las tasas de impuesto sino que también le pongan atención a los cambios del Código Tributario. Esto último es peor que los incrementos en las tasas de impuestos ya que dan total poder discrecional para que ciudadanos y políticos de oposición sean objeto de un literal terrorismo fiscal. No nos engañemos, las facultades discrecionales en manos del cobrador de impuestos es una receta para abusar de la ley. Y tengan la seguridad que así se hará.
 
Yo no me creo la propaganda y usted tampoco debería. Antes de atreverse a pedir un centavo más, el gobierno debe atreverse a dar resultados. No sólo se trata de repartir y regalar. Se trata de proteger a los ciudadanos y de contar con un gobierno de facultades limitadas para prevenir abusos. Eso está aún lejos de verse. Los ciudadanos debemos hacer llegar este mensaje a nuestros diputados para recordarles que no nos hemos olvidado de sus promesas de campaña de no subir impuestos. Esta semana es crítica. No pierda el tiempo y hágase escuchar. No más impuestos. No más corrupción.
 
heconomicus@hotmail.com
 



Salario Mínimo y Recesión
Por Hugo Maul R.

La discusión del aumento al salario mínimo siempre es un tema polémico. Dentro del proceso de negociación correspondiente siempre surge el mismo problema: posiciones de negociación extremas que terminan dejando la decisión en manos del Ejecutivo. Decisión que, generalmente, es política y no atiende a ningún principio económico.  Dada las inclinaciones políticas de este gobierno, y lo consignado en su plan de gobierno, es casi seguro que estemos a las puertas de un importante aumento en el salario mínimo. Aumento que, casi seguramente, no guardará relación alguna con la situación que vive el país y, lo que resulta más preocupante, con la situación futura que se avecina en el mundo.

Ante el inminente aumento en el salario mínimo es importante tener en cuenta varios aspectos. Primero, por más que se argumente que esta política protege a las “grandes mayorías” y que es una “conquista” de la clase trabajadora, la realidad es otra: la mayor parte de la población no goza de este “beneficio”. Un par de ejemplos lo muestran claramente: más del 75% de todas las mujeres dentro de la Población Económica Activa –PEA- y más del 85% de los indígenas dentro de la PEA ganan menos que el salario mínimo. Segundo, lo que es ganancia para unos es pérdida para otros. En un contexto recesivo y de inflación, en el cual la mayoría de empresas empiezan a ver mermadas sus ventas y sus costos incrementarse, un aumento al salario mínimo provoca, casi de manera inexorable, un ajuste en la cantidad de trabajadores contratados. Los que no pierden el trabajo efectivamente terminan ganando más, el aumento los beneficia; quienes pierden el trabajo terminan ganando menos, el aumento al salario mínimo los expulsa a una ya empobrecida  y sobre-poblada economía informal. Tercero, de cara una recesión profunda y prolongada lo más prudente sería tratar de preservar el empleo formal. Por más malos que pudieran parecer los empleos formales, en promedio un trabajador en un empleo formal gana más del doble de lo que ganaría en la economía informal. Encarecer los costos laborales en medio de un período recesivo es la receta más fácil y directa para destruir empleos formales.

Una cuestión es aumentar el salario mínimo en el contexto de una economía en expansión y con buenas perspectivas futuras; otra muy diferente aumentar el salario mínimo en el contexto de una economía en contracción y a las puertas de una recesión global de dimensiones desconocidas.




¿Religiosos, políticos o economistas?
Por José Raúl Gonzales.

Dios mío, perdónalos porque no saben lo que dicen…
 
El "Consejo Ecuménico Cristiano de Guatemala" se pronunció la semana pasada diciendo que "es imperativo redistribuir la riqueza para eliminar la pobreza…".  Es una pena que aquellos que se llaman, a sí mismos, nuestros "guías espirituales" se salgan de su supuesta área de conocimiento y cometan el error de sugerir políticas públicas equivocadas que, lejos de lograr el objetivo buscado, preservan e incrementan la pobreza.
 
Solamente Dios puede aplicar una política de distribución de riqueza que alivie, temporalmente y sin consecuencias negativas, los efectos de la pobreza. Así fue como alimentó a aquella multitud mediante la multiplicación de los panes y los pescados. El problema es que el resto de nosotros tenemos que trabajar para eliminar la pobreza. Parece que esto es desconocido para nuestros "líderes espirituales" que, en celebración del Día Mundial de la Eliminación de la Pobreza, y de la revolución de octubre, han politizado nuevamente el púlpito proponiendo la simple redistribución como la medida adecuada.
 
Sus recomendaciones son tan ingenuas que rayan en irresponsables. Por ejemplo sugieren: "… promover la economía solidaria y comunitaria que valore e impulse el desarrollo del buen vivir, donde los excedentes no tengan un afán de lucro, sino el beneficio a los involucrados." No sorprende que esta recomendación provenga de aquellos que, precisamente, no crean riqueza sino que viven de la que otros crean y que, generosamente, se la entregan en la forma de una limosna. Desde esa perspectiva, es fácil y propio de fariseos condenar el "afán de lucro" pero, al mismo tiempo, beneficiarse del trabajo de los fieles. ¿O de dónde creen que provienen las limosnas? ¿De un "afán de lucro" o de un "afán de pobreza"?
 
Cada vez que los sacerdotes o pastores abandonan los temas espirituales para meterse a los temas político-económicos lo que generalmente meten es la pata. Repartir no es lo mismo que crear. Repartir es fácil. Crear riqueza no tanto. No darse cuenta que un proceso de expropiación arbitrario de la riqueza, para "redistribuirla", acaba con el incentivo de su creación es ingenuo y políticamente sesgado. 
 
La mayoría de la gente entiende esos principios básicos. Como también entienden que el "día mundial de la eliminación de la pobreza" es todos y cada uno de los días del año mediante su trabajo honrado. Puesto que nuestro Señor Jesucristo nunca promovió la redistribución de la riqueza, no se que andan haciendo estos señores promoviendo un mensaje equivocado. Promover la generosidad, el amor al prójimo y caridad personal es otra historia. Activistas políticos sobran. Lo que hace falta es un milagro para contar con verdaderos guías espirituales que cultiven nuestras virtudes y no promuevan politiquerías equivocadas.
 
heconomicus@hotmail.com
 



Recesión y Gasto Público
Por Hugo Maul R.

¿Época de vacas flacas? Todas las señales parecen indicarlo. Algunos hablan de una recesión profunda de unos dos o tres años; otros más pesimistas hablan de una recesión de mucho más tiempo, tipo la japonesa. Todos coinciden en que no será de corta duración y que su profundidad puede ser severa. Dada esa incertidumbre, lo más prudente sería asumir que vamos hacia una época de “vacas flacas”. Al menos eso es lo que a nivel individual muchos esperan y para lo cual ya se están preparando recortando gastos innecesarios, preservando las fuentes de ingreso, etcétera. En nuestro medio, al menos por lo que se plasma en el Proyecto de Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el Ejercicio Fiscal 2009, pareciera que el gobierno no está dispuesto a hacer lo mismo. Dicho proyecto contabiliza más de Q 3,000 millones de ingresos que el gobierno no tiene en este momento. Lo cual implica tratar de “ordeñar” aún más a las vacas en tiempos de “vacas flacas”. De no aprobarse esos nuevos tributos, el déficit fiscal proyectado para el 2009 podría estar cerca del 3% del PIB. Suponiendo que se aprueban dichos impuestos, y que los mismos logren recaudar lo proyectado, el referido proyecto contempla un incremento en el endeudamiento público neto de un 1.5% del PIB.

Por si esto fuera poco, la estructura de los egresos en dicho proyecto sigue reflejando las rigideces presupuestarias y privilegia en mayor medida los gastos en funcionamiento.  El 75% del incremento del gasto total corresponde a gastos corrientes y el 25% restante a gastos de capital. No se diga nada acerca de la carencia de información básica sobre los criterios utilizados para priorizar la asignación de los recursos.  Sólo en tres instituciones aparecen algunas metas físicas pero no es posible identificar la relación entre las mismas y los programas presupuestados.  En síntesis, se propone un mayor gasto público con muy escasa información sobre qué resultados se esperan alcanzar.

El gran enigma es por qué la lógica detrás de la disciplina y cautela que observan las personas en el plano individual no se aplica al gobierno. Si la misma lógica se aplicara al gobierno, habría que ajustar el referido presupuesto a los ingresos verdaderamente disponibles. Esto implicaría un déficit fiscal de 1% del PIB  y un presupuesto máximo de Q.44,000 millones, lo que ya se gasta hoy en día. Además, habría que priorizar el gasto hacia programas más costo-efectivos y mejorar la calidad del gasto público. Al igual que al nivel individual: lograr más con menos y ser más efectivos.



Endeudarnos de un plumazo.
Por Jose Raúl Gonzales.

O paramos la deuda aquí y ahora o nos arrepentiremos toda la vida.
 
El gobierno sigue impulsando su mega presupuesto de cincuenta y tres mil millones de quetzales y ahora anuncia que se prepara para endeudarnos en mil millones de dólares más para financiar el déficit fiscal esperado del 2009. De este primer plumazo, la deuda externa del país crecerá casi un 25%.
 
De acuerdo a los medios de comunicación, el Ministerio de Finanzas dice que los fondos serán usados para justicia, educación, "protección social" (¿?) y "políticas de base amplia" (¿?). Destinos nobles unos  y dudosos otros. Claro, eso es lo que tienen que decir para que la población y los diputados "compren" la idea de la deuda. Sería bochornoso admitir que esa deuda va para tapar los hoyos de la ineficiencia, el despilfarro, los malos manejos, la compra futura de votos y la corrupción… Sin embargo, esa es la realidad. Si tan sólo se dedicaran a combatir esos males endémicos, no habría "necesidad" de que se endeude a las futuras generaciones de guatemaltecos…
 
Pero el camino correcto no siempre es el camino fácil. El camino correcto es trabajar para solucionar los problemas de fondo antes de pedir más dinero. El camino fácil es aprovechar la "generosidad" del Banco Interamericano de Desarrollo y endeudarnos. Ya serán las generaciones futuras las que vean qué hacen para pagar de vuelta la plata. Y por si fuera poco, adicionalmente a la cifra antes descrita, habrá que endeudarse en otros novecientos quince millones de quetzales para terminar de cubrir lo que les hace falta…
 
Es una "política anticíclica" (que le dicen): endeudarse cuando uno está en la peor situación para gastar a manos llenas y pagar cuando… bueno, cuando sea; igual ya no estarán en el poder. Es el camino que siguieron las naciones que terminaron no sólo pobres sino pobres y altamente endeudadas. Por ejemplo, nuestros vecinos de Honduras y Nicaragua. Camino que también siguieron países como Argentina que ha pasado por varias "crisis de deuda"; y más recientemente, el camino que también siguió los Estados Unidos… ¿Hasta cuándo entenderemos que no se puede vivir de "fiado", sin que la realidad nos alcance tarde o temprano?
 
Ya quisiera saber qué pasaría si todos los ciudadanos siguiéramos los buenos ejemplos que nos da el gobierno. ¿Está en recesión? No importa, vaya, endéudese, gaste, mantenga o incremente su nivel de vida. En todo caso, si tiene suerte, serán sus hijos quienes tendrán que pagar las deudas. Pero la realidad es que ningún padre responsable quiere heredarles deudas a sus hijos. Claro que en el caso de los "padres de la patria" y de los funcionarios públicos, la historia es otra. Les urgen sus "obras" cueste lo que le cueste (al ciudadano).
 
O paramos esta orgía de endeudamiento aquí y ahora, o nos arrepentiremos toda la vida cuando, de verdad, pasemos por nuestra propia crisis. El Congreso debe rechazar esta última iniciativa y actuar como lo haría cualquier persona responsable. Es tiempo de responsabilidad.
 
heconomicus@hotmail.com




Comedores Solidarios
Por Hugo Maul R.

“No hay almuerzo gratis”, aunque en los Comedores Solidarios pudiera parecerlo. Poner en duda algunos la deseabilidad y rentabilidad social de este tipo de programas siempre es complicado.  Aunque pareciera no haber problema alguno, cuando el dinero público no se canaliza hacia las actividades de mayor rentabilidad social generalmente se paga un costo mayor a los beneficios. El hecho que algunos consumidores reciban una ración de comida a bajo costo no implica que alguien más no pague la diferencia de precio. Lo cual tendría alguna justificación si se garantizara que quienes reciben el subsidio son los más necesitados. Algo que no está plenamente demostrado en tales comedores, ya que los mayores índices de pobreza, falta de educación y salud no se encuentran en la Ciudad de Guatemala, mucho menos, por ejemplo, en los alrededores del Centro Cívico.  A pesar que de que tal programa no signifique un gasto excesivo para el gobierno, el hecho es que el gobierno está obligado a gastar cada quetzal de su presupuesto de la mejor manera posible. Al final de cuentas, cada quetzal que el gobierno gasta en esos comedores es un quetzal menos disponible para financiar programas más prioritarios y mejor focalizados.

Por otro lado, aunque no existen cifras disponibles, es bastante probable que tales comedores se hayan convertido en una especie de competencia desleal para muchas tiendas, comedores, cafeterías y otros puestos de venta de comida en los barrios respectivos. Las personas que hoy asisten a tales comedores seguramente han dejado de comprar en esos negocios, lo cual daña de manera directa la capacidad de generar ingresos de muchos de estos micro y pequeños empresarios. Lo bueno es que, en caso que tales empresarios deban abandonar sus negocios, ahora pueden comer “barato” en dichos comedores. Interesantes efectos no intencionados de una política de gobierno.

Poner en duda los beneficios de este tipo de programas no es políticamente correcto;  en cuestiones de este tipo no queda más que callar, pagar impuestos y tener fe que el gobierno hará un uso sabio de esos recursos. Resulta inútil y de muy mal gusto poner en tela de duda la supuesta solidaridad de tales programas. Más de sesenta años después de la Revolución del 44 deberíamos tener claro que en nombre del pueblo y de la solidaridad se justifica cualquier política económica y social, aunque las mismas nunca lleguen a beneficiar a quien más lo necesita.