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Por Javier Calderón
El genio de la libertad estriba en reconocer que el alcance de la felicidad humana se puede lograr por medio de una vida digna. Y una vida digna es aquella en la que, en el mayor grado posible, nuestras acciones coinciden con nuestros valores y deseos. Ello implica, entre otras cosas, que la sociedad y el Estado deben reconocerle al individuo la libertad para buscar sus propios fines, por sus propios medios, sin ponerle trabas en el camino, siempre y cuando este no dañe ese camino para los demás.
Por ello los liberales son importantes para Guatemala. Ellos tienen la clave para que los guatemaltecos tengamos las condiciones para alcanzar nuestro mayor éxito material y espiritual. Si seguimos teniendo la visión que los guatemaltecos estamos divididos en clases antagónicas e irremediablemente destinadas a destruirse entre ellas, estamos fregados. Más bien creo que un régimen liberal (en lo social, en lo político y en lo económico) nos pueden ayudar a resolver los problemas estructurales del país, por medio de la desestructuración de los mecanismos institucionales y culturales que mantienen este estado de cosas.
Aterrizando estas teorías a la vida real, ¿qué implica que los guatemaltecos optemos nuevamente por el liberalismo como una doctrina para formar nuestra nación? ¿Cuáles son sus alcances? ¿Cuáles son los mitos que el liberalismo puede desmitificar?
Guatemala no está irremediablemente destinada a ser pobre. Pero no podemos ser serios si creemos que partiendo el país en retazos cada vez más pequeños, o restringiendo la competencia comercial o creando cada vez más requisitos legales, vamos sacar a los pobres de su pobreza. El éxito económico de Guatemala parte de reconocer que podemos ser tan buenos como queramos ser y que podemos ser tan buenos como cualquier persona en cualquier parte del mundo. Si aceptamos estos principios, aceptamos que la libertad económica es el mejor sistema para explotar ese potencial que tenemos dentro.
Los guatemaltecos no somos patrióticos. Hay rencores y culpas de origen que seguimos heredando a nuestros hijos, pero también tenemos principios que nos han permitido cooperar y vivir en comunidad. Es innegable que las comunidades indígenas se han llevado la peor parte de nuestra historia, que los ladinos siempre fueron un bicho raro y que los criollos se alienaron en sus caserones. Pero no se trata de seguir alimentando viejos y malos sentimientos y de seguir creyendo que el pan que uno come es la tortilla que el otro pierde. Solo la protección de nuestra dignidad individual va a permitir respetarnos entre nosotros mismos y evolucionar como sociedad y como grupos. Tal vez nuestro destino está en ser más indígenas de lo que somos (como nación digo), o de ser más ladinos o de seguir siendo diversos, pero ese destino no lo vamos a alcanzar si no nos damos la oportunidad de poner a prueba quien somos, ante los demás, sin el miedo al castigo social o jurídico.
Guatemala es un Estado fallido. Guatemala no es un Estado fallido. Guatemala es un Estado débil que funciona donde y cuando lo solicitan los intereses privados que lo han copado y que no están limitados o guiados por principios de interés nacional. Con ello me refiero a que siempre va a ser intereses privados los que se representen en la cosa pública, pero si estos no se circunscriben dentro de una serie de principios y normas que los hagan benéficos para la mayoría de la sociedad, o al menos que no los hagan maléficos, entonces el Estado se debilita. Este riesgo se reduce con una representatividad más efectiva y que una reducción de los incentivos de los políticos para maximizar solo su propio beneficio y no el de los demás también.
Los liberales en Guatemala son una comunidad tan variada como los tipos de frutas del Mercado Central de la Ciudad Capital. Los hay libertarios, liberales clásicos, monetaristas, liberales económicos y liberales políticos, republicanos, activistas, intelectuales, fanáticos y otros. Sin embargo, creo que es importante que esta comunidad se defina en contraposición a otros grupos y en función de sus principios fundamentales y de su papel en esta sociedad particular que es Guatemala. Este artículo espera ser una contribución a ello y un punto de inicio para reflexionar, debatir y criticar sobre el papel que tenemos en nuestra sociedad y sobre los retos y oportunidades que tenemos por delante.
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